La odisea de la lactancia materna

La odisea de la lactancia materna

En mi ignorancia pensaba que dar el pecho era algo fácil e instintivo y así me pareció el primer día cuando nació mi peque. No obstante, la segunda noche, se la pasó mamando y mamando, todavía no me había subido la leche y con el calostro no se saciaba. Como resultado de esa noche me salieron grietas en los dos pezones y un morado en el pezón del pecho derecho. Cada vez que mamaba casi se me saltaban las lágrimas, empecé a ponerme lanolina, probé con usar pezoneras para ver si me dolía menos, pero ni el peque las quería ni me aliviaban el dolor.

Por la mañana me sentía frustrada, agotada y pedí ayuda a las enfermeras. Vinieron a ayudarme, corrigieron mi postura, me dijeron que el peque se cogía bien…pero añadieron que no podía ser que tuviera al niño todo el rato enganchado a la teta, que necesitaba descansar y que era mejor que le diera un suplemento con una jeringuilla. Ese consejo me sentó muy mal en ese momento, sentí que estaba haciendo las cosas mal, acababa de parir y ya era incapaz de cubrir las necesidades de mi hijo. Además esa mañana en el hospital fue caótica en cuestión de visitas.

Esto de las visitas daría para otro post, pero mi consejo para las que todavía no sois mamás es que mejor que vengan a visitaros a casa, cuando estéis más tranquilas, cuando os hayáis adaptado a la situación, y no todos de golpe en el hospital. Son demasiadas cosas las que hay que asimilar en esos primeros días, demasiadas cosas que aprender, que experimentar y se necesita tranquilidad para poder verlo todo con mayor perspectiva. Tengo amigas que me lo habían dicho pero yo no le di mayor importancia y pensé que exageraban. Con el segundo haré lo posible para que no vuelva a pasar. Sólo os diré que prácticamente no recuerdo nada de ese segundo día, ni siquiera recuerdo quién vino a verme, pero la habitación estaba llena a reventar, todo el mundo me decía haz esto, haz aquello. Yo intentaba dar el pecho, estaba cansada, estresada, preocupada por el peque…Algún familiar me dijo: ¡Pues dale el suplemento! Y al final me rendí y se lo di, casi llorando, y mi tía tiene fotos del momento, las tiene en un álbum, casi enmarcadas, sé que no lo hizo con mala intención, que no sabe que era algo que no quería recordar, pero fue difícil para mí y al principio cuando veía esas fotos hacía que me sintiera mal.

Después de darle el suplemento, en seguida se quedó a gusto, pero luego empezó a dolerle la barriga. No sé dónde leí que había una mayor incidencia de casos de alergia a la proteína de vaca e intolerancia a la lactosa debido a que a los niños se les introducía prematuramente la leche de vaca. No sé si eso tuvo relación o no, pero mi hijo ha tenido problemas con los lácteos, le han hecho pruebas para descartar alergias, creemos que tiene un grado de intolerancia a la lactosa que por suerte ha ido disminuyendo en los últimos meses. No estoy diciendo que le pase a todos los niños, de hecho hay muchísimos niños que se alimentan con leche artificial desde el principio, pero al parecer mi hijo tenía el intestino bastante inmaduro, y hasta aproximadamente al año no mejoró, así que es posible que al ser más delicado influyera en algo.

Por la tarde empezó a subirme la leche y se me pusieron los pechos como piedras. Hasta que nos dieron el alta, diferentes enfermeras y comadronas volvieron a explicarme cómo ponerle al pecho para que no me hiciera grietas, pero cada una me dijo cosas diferentes.

El día que me dieron el alta empezó a rechazarme el pecho derecho. La primera noche en casa fue horrible, de madrugada el peque lloraba y lloraba delante del pecho negando con la cabeza. La leche me salía sola, iba goteando por todos lados, empapando los discos de lactancia, el sujetador, las sábanas, me salía a chorro cada vez que él mamaba. Tenía mucha leche, pero aún y así le pedí a mi marido que se fuera corriendo a una farmacia 24 horas a comprar leche en polvo por si era ese el problema, se tomó un biberón la mar de bien, pero otra vez empezó con el dolor de barriga.

Al días siguiente por la mañana fuimos de urgencias al ambulatorio porque ya no podía más. La comadrona me dijo que tenía que vaciarme los pechos que iba a coger una mastitis, intentó que el peque se cogiera bien al pecho y mamara, pero sólo quería el pecho izquierdo, así que me sugirió que me sacara leche con un sacaleches del pecho derecho.

Me compré un sacaleches. Me sacaba la leche con mucha facilidad y llenaba vasitos en pocos minutos. Pero cansa muchísimo tener que estar sacándote leche cada pocas horas. Pese a ir sacándome leche del derecho, seguí intentando que se cogiera y aunque tardara más tiempo en cogerse, acababa mamando de ese pecho. Esa primera semana me dolía tanto darle de mamar que me dije a mí misma que si en una semana la cosa no había mejorado renunciaría a darle el pecho. En ese momento entendí porqué muchas mamás acaban dando biberón, me di cuenta de que algunas veces las cosas no son tan fáciles como parecen y que no hay que juzgar las decisiones de los demás sin conocimiento de causa.

Al cabo de unos días tuve revisión con mi comadrona y ya la cosa iba mejor, me dijo que no se enganchaba bien en el pecho “malo” porque tenía tanta leche y estaba tan hinchado que le costaba cogerse, así que me aconsejó que me lo vaciará manualmente un poco antes de darle el pecho y que dejara el sacaleches porque si no iba a producir demasiada leche. A partir de ahí todo se normalizó, también ya conocía mejor a mi peque y ya entendía lo que le pasaba.

Necesitamos aproximadamente tres semanas para que nuestra lactancia se instaurara correctamente y cuando por fin todo iba sobre ruedas, cogí mastitis en ambos pechos. Me puse casi a 39 de fiebre. ¿Por qué? En primer lugar porqué uno de los sujetadores de lactancia que me había comprado, el más caro además, muy mono, con aros (ese fue el error principal), me presionaba el pecho e hizo que se obstruyeran algunos conductos de la parte cercana a las axilas. Y en segundo lugar porque el peque había cogido ya un buen ritmo y de mamar en media hora o más, ahora lo hacía en diez minutos, así que cometí un error de novata (pese a haber leído mil y un libros sobre lactancia materna): algunas veces le daba dos tomas seguidas del mismo pecho pensando que lo había dejado a medias. Y es que todavía hoy, después de haber dado de mamar a mi hijo durante 22 meses ¡no sé cuándo ha vaciado un pecho! Es algo que te lo repiten una y otra vez los profesionales de la salud y que parece algo muy sencillo, pero para mí no. Así que después, simplemente fui dándole un pecho en cada toma y ya está, independientemente de cuánto rato mamara cada vez, porque no notaba cuándo se vaciaba.

Por suerte ahí acabó mi odisea con la lactancia materna, es cierto que cuando mi peque tenía un año volví a coger mastitis en un pecho, pero no recuerdo qué la causó. No obstante, hay muchas mamás que después tienen problemas durante la llamada crisis de los tres meses, en que el pecho deja de llenarse y pasa a producir la leche cuando el bebé succiona y, al principio, los peques se tienen que adaptar al hecho de que la leche ya no sale justo en el momento en que empiezan a mamar. A mi peque no le pasó, no estoy segura pero quizás fue porque siempre le daba el pecho antes de que llorara, y cuando empezaba a mamar no estaba muerto de hambre, no lo sé.

¿Y qué he aprendido con mi experiencia?

– Sé que cuando el peque lloraba delante del pecho no era porque no lo quisiera, si no porque no podía cogerse bien y cuando por fin lo conseguía se atragantaba con el chorro de leche que salía a presión y necesitaba aprender a mamar.

Sé que dar el pecho puede no ser fácil, aunque también conozco mamás que no han tenido ningún problema desde el principio.

Sé que es muy importante elegir un buen sujetador. Sin aros y que nos coja todo el pecho. Una gran desventaja es que compramos los sujetadores de lactancia a ciegas, porque hasta que no te sube la leche no sabes qué talla tendrás realmente.

– Pienso que el inicio de mi lactancia hubiese sido más sencillo si hubiera estado más tranquila en el hospital y no hubiera habido un flujo constante de gente desde las 9 de la mañana a las 10 de la noche.

Sé que no hay que estar en tensión mientras el peque mama porque se la transmites a él, una buena manera de relajarse es no mirar nunca el reloj. Yo no lo hacía, nunca he sabido cuánto tiempo tardaba en mamar ni cuantas veces lo hacía, más arriba os he puesto una aproximación pero seguramente tardaba más en mamar al principio y se enganchaba muchísimas veces, ya os digo que más de 10 al día. Hay mamás que creen que los peques maman en unos minutos y después se quedan durmiendo en la cuna. Algún bebé habrá que lo haga, pero al menos el mío no, y se pasaba pegado a mí todo el día, por suerte nunca me ha importado, así que nunca me ha supuesto un problema.

– Sé que hay mamás que consiguen una buena lactancia materna de un solo pecho, en mi caso, pese a todo, conseguí que acabara cogiendo los dos pechos indistintamente.

– Hasta hace unos meses estaba convencida de que me sobraba experiencia con la lactancia y que con el segundo no iba a tener ningún problema, pero mi peque se destetó cuando yo ya estaba embarazada, al inicio del segundo trimestre, y me hizo un poco de herida en los pezones pese a llevar tantos meses de lactancia y sabiendo mamar él perfectamente, por lo que he llegado a la conclusión de que aunque se coja bien y tengas una buena postura, la sensibilidad de los pechos también influye en que aparezcan grietas, así que no todo depende de lo bien o mal que lo hagamos nosotras.

– No entiendo por qué en la canastilla del hospital te aconsejan que lleves camisones con botones. Es lo más incómodo del mundo. Te pasas el día abrochando y desabrochando botones y con el pecho al aire. En mi opinión, mejor un camisón de lactancia que se pueda levantar por debajo del pecho, sobretodo para las más pudorosas. Y fuera de casa ropa normal y corriente (¡mejor sin botones!).

– A veces nos da la sensación de que nosotras somos las únicas novatas, pero nuestros hijos también lo son y necesitan tiempo para adaptarse a la nueva situación, ¡tan a gusto que estaban ellos dentro de nuestra barriga sin pasar frío ni calor y sin tener que esforzarse para alimentarse!

Con este post no quiero ni mucho menos desanimar a ninguna mamá para que dé el pecho, todo lo contrario, para mí dar el pecho ha sido una de las mejores experiencias de la maternidad, es algo único, imposible de expresar con palabras. Pero creo que afrontas mucho mejor los problemas que puedan surgir si no vas con una idea equivocada o idealizada sobre la lactancia. Así que mucho ánimo a las que dais el pecho y a las que no, porque independientemente de lo que hagamos, lo más importante es que nuestros hijos sean felices y nosotras también.

¿Y vosotras, habéis tenido problemas para dar el pecho?

Podéis leer cómo fue nuestro destete aquí.

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2 comentarios en “La odisea de la lactancia materna

  1. Claro que sí… Con el primero, además de dolor en el pecho, tuve una primera semana muy dura de postparto, y no tenía fuerzas para nada del dolor de los puntos de la episiotomía… Por eso opté por unas tomas de pecho y otras de bibe, así también alguna noche podía descansar gracias al papá. Con el segundo directamente opté por la lactancia mixta… Al final, yo no me podía permitir estar mal con otro niño de dos añitos en casa.. Y con el tercero voy a dar el pecho, pero sin sufrimiento, si veo que no doy a basto, pues lactancia mixta.
    Lo que alucino es con todo lo que aguantáis algunas, yo en tu caso hubiera abandonado antes seguro. Me alegro que al final fuese bien pero entiendo perfectamente a las que desisten es duro, hay que vivirlo!!! Un besin

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    • Estuve a punto de abandonar pero al final lo conseguí y me alegro, pero cada mamá vive la situación como puede, y por suerte lo más duro pasó la primera semana. Conozco otras mamás que lo han pasado peor y en sus casos creo que también habría abandonado.

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