Premio Liebster

Liebster award

El otro día Mis chic@s y yo me nominó al Liebster Award. Me ha hecho mucha ilusión, sobretodo porque es mi primera nominación, así que muchísimas gracias.

Las bases de este premio son:

  1. Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo
  2. Visitar los otros blogs que han sido nominados junto al tuyo
  3. Responder a las 11 preguntas que te han hecho
  4. Nominar a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores (Todavía no conozco muchos blogs y la mayoría son grandes, así que he nominado unos pocos más pequeños que me gustan y que creo que no han sido nominados últimamente).
  5. Avisarles de que han sido nominados
  6. Realizar 11 preguntas a las blogs que has nominado

Y ahí van mis respuestas a las preguntas de Montse:

1. ¿Por qué tu blog se llama así?

El nombre del blog y la razón por la cual lo empecé están muy relacionados. Llegó un punto en el que estaba cansada de que todo el mundo criticara negativamente mis ideas sobre la crianza de mi hijo, incluso personas con las que no tenía confianza suficiente, o profesionales de la salud que en mi opinión deberían opinar simplemente sobre lo que les compete.

De ahí surgió Mamá hace oídos sordos, de mi necesidad de ignorar todos esos comentarios, pese a que hace ya mucho que no me preocupan, incluso me hacen gracia algunas situaciones al respecto.

Por ejemplo, mi comadrona, fuente inagotable de comentarios subjetivos y poco profesionales, en mi primera revisión tras el parto del Pequeñajo le preguntó al Peque Mayor: “¿Y ya duermes en tu nueva cama?” a lo que mi hijo respondió: “Sí” (no sé qué entendería el pobre), pero yo, que no me gusta esconder nada, porque creo que mis decisiones sobre la crianza de mis hijos son totalmente lícitas maticé: “No, sólo alguna vez quiere dormir en la cuna-colecho”. La comadrona, que ya me conoce, se abstuvo de decir nada más, pero sé que en realidad me estaba preguntando a mí (por otras conversaciones previas al parto), si ya lo habíamos pasado a su habitación. Puro marujeo vamos.

2. ¿Qué te aporta tener tu propio blog?

Como he dicho, en mi entorno no tengo a casi nadie que comparta mis ideas y me gusta ver que hay quienes piensan como yo, aunque también, pese a que el título del blog pueda reflejar lo contrario, me gusta conocer otras opiniones o maneras de hacer, siempre puedo aprender algo nuevo. A parte de eso, siempre me ha gustado mucho escribir y es una manera de desahogarme y compartir mis experiencias con otras mamás y papás, ya que al ser una mamá joven, la mayoría de mis amigos todavía no son padres.

3. ¿Qué es lo mejor de la maternidad/paternidad?

No podría decir sólo una cosa. Ser madre es lo mejor que me ha pasado en la vida, tengo dos personitas que tienen la mitad de mí y la mitad de mi pareja, y me hace gracia ver en ellos partes de mí y de su padre. Me gusta verlos crecer, aprender y reír, sobretodo esto último. Ser madre hace que mi día a día sea más divertido, nunca me aburro, ¡menudas ocurrencias tiene el Peque Mayor! Y me encanta volver a mi infancia, ser madre ha hecho que pueda ser niña otra vez. ¿Y a quién no le derrite que sus hijos se te tiren a los brazos al grito de ¡Mama! y te abracen y besuqueen como si no hubiera mañana?

4. Una receta rápida que encante a tus peques

¡Buf! El Peque Mayor es bastante especial para la comida…Pero diré algo salado: Cuscús con albóndigas y verduras (aunque las verduras las quita una a una por muy diminutas que las hayamos cortado). Y Algo dulce: Batido de plátano y galletas maría.

5. ¿Cuál es la serie infantil que no podéis dejar de ver?

Esto va por épocas, pero Bob Esponja se lleva la palma sin duda, por la noche es obligado verla.

6. ¿Has visitado algún evento de bloguers?

No. Llevo muy poco como bloguer, además mi blog es muy pequeñito.

7. Tópico: ¿Qué llevarías a una isla desierta?

A mis hijos y a mi marido, por supuesto. Si estamos hablando de algo material: Un buen libro.

8. Un viaje inolvidable en familia

Cuando fui a Escocia con mi hermana y mis padres. Desde que tenemos a los peques no hemos hecho un viaje en familia en toda regla.

9. Una peli que te hizo llorar

Hay muchas, pero le tengo especial cariño desde mi infancia a Mujercitas.

10. ¿Eres amante de los animales?

Por supuesto, en esta casa lo somos todos. Nuestra perra Kiwi es parte de la familia.

11. Un sueño que se pueda hacer realidad

Ser feliz. Creo que es algo principalmente mental. Da igual lo que tengas, si eres positivo, tienes a personas que te quieren a tu lado y valoras lo que tienes es un sueño fácil de cumplir.

Blogs nominados (lo siento mucho si alguno repite premio pero todavía conozco a pocos por estos lares):

Mi Mami Blue
Hijitis Aguditis
Bajo Percentil
Patadita y su mamá
Orimami

Mis preguntas para los nominados:

  1. Algo que te encante y algo que no soportes
  2. Algo que encante y algo que no soporte/n tu hijo/s
  3. Pregunta famosa: ¿Te gustaría tener más hijos o ya te has plantado?
  4. ¿Qué cambiarías de tu vida?
  5. ¿Qué es lo que más te gusta hacer con tu/s peque/s?
  6. ¿Qué opina tu familia de que seas bloguer?
  7. Ahora que llega Navidad: ¿Cuál es tu festividad favorita?
  8. Un error que has cometido como madre/padre novato/a
  9. Un consejo para futuros papás
  10. Tu mejor virtud y tu peor defecto como madre/padre
  11. ¿Qué no querrías que heredasen tus hijos de ti?
  12. ¿Qué tipo de madre/padre eres?

Mi segunda horita corta

Mi segunda horita corta

Llevaba unas cuantas noches con contracciones, así que cuando las contracciones me despertaron el domingo a las dos de la mañana, tampoco me emocioné mucho. Tenía la sensación de que el Pequeñajo se iba a retrasar todavía más que su hermano, que nació una semana después de la FPP.

Me levanté sin despertar a nadie y me dio por recoger toda la casa. Las contracciones no eran muy seguidas y se iban parando, pero sobre las cuatro parecía que empezaban a regularse y desperté a mi marido.

– Levántate y ayúdame a preparar la mochila del Peque Mayor que creo que estoy de parto. – le dije.

Fue levantarse y otra vez se pararon las contracciones. A las cinco de la mañana le dije que se volviera a la cama porque en principio tenía guardia y le tocaba trabajar esa mañana. Se fue a dormir y yo, que ya estaba un poco harta y puesto que ya llevaba cinco días de retraso me dio por ponerme a bailar. Así que ahí estaba yo, sola de madrugada, en medio del comedor y en pijama, meneando la barrigota, añadiré que no se me da muy bien bailar. Las contracciones tenían que volver y si me tumbaba en la cama la cosa no avanzaría. A las seis volví a despertar a mi marido.

– Ahora sí que sí, vístete y avisamos a mis padres para que se queden con el Peque.

Llegamos al hospital a las siete de la mañana. Las contracciones se habían vuelto a estancar y me temía que me mandaran para casa.

– A ver… estás casi de 6 centímetros.
– Pero está muy arriba, ¿verdad? – Le pregunté. Mientras que el Mayor se había encajado a los ocho meses, el Pequeñajo no lo había hecho aún y eso que estaba en la 40 + 5.
– Sí, está muy alto.

Me pusieron las correas y en una hora sólo tuve dos contracciones ridículas.

– Estás suficientemente dilatada como para quedarte, pero el bebé está muy arriba y tienes contracciones irregulares. No te mandamos a casa porque vives lejos. Como quieres parto natural, es mejor que te vayas a caminar. Iros a desayunar algo ligerito, camináis un poco y volvéis a las once a ver qué tal.

Y ahí estábamos nosotros, a las ocho de la mañana, en la puerta del hospital con tres maletas otra vez para el coche, pensando que la cosa iría para largo.

– No hacía falta que trajerais las maletas, podíais ir a buscarlas cuando naciera. – nos dijeron un par de comadronas.
– Ni hablar, tuvimos una mala experiencia con el primero, así que yo me traigo las maletas. – les dijo mi marido.

Y es que cuando nació el Peque Mayor, mientras mi marido iba a buscar las mochilas al coche, se llevaron al peque en volandas, medio destapado para pesarlo, pese a que yo me negué y les insistí en que se esperaran por lo menos a mi marido para que fuera con él. Pero la enfermera se aprovechó de que yo no me podía levantar todavía, pues hacía sólo dos horas que había parido y me habían puesto epidural, y se lo llevó. Parecía tener mucha prisa pese a que eran las cuatro de la mañana. Lo que más rabia me dio fue que al quejarme a la enfermera del siguiente turno, ésta me dijo que esa no era la política del hospital y que ella siempre se esperaba para que el padre pudiera acompañar al bebé.

A lo que iba. Fuimos a dejar las maletas al coche y por un momento nos planteamos la idea de ir a votar. Era domingo 9 de Noviembre y supongo que habréis oído hablar sobre la controvertida consulta popular sobre la independencia. El caso es que decidimos no ir porque el coche estaba muy bien aparcado y menos mal, porque si no habría salido en todas las noticias pariendo delante de una urna.

Pasamos por delante de un puesto de churros. Mmmm… mejor no que me han dicho algo ligerito. Eran las nueve y estaba acabando de desayunar en el Viena.

– Buf, mejor vamos a caminar que ahora son más fuertes. – le dije a mi marido. Y es que nada más salir del hospital habían vuelto las contracciones y ya para esa hora eran cada seis minutos.

Otra vez calle arriba y calle abajo. Escaleras.

– ¡Qué palo! – me dice mi marido.
– Tú calla que la que está de parto soy yo y dicen que las escaleras van muy bien para que baje.

En ese punto yo ya me iba parando en medio de la calle, intentando no llamar mucho la atención.

– Supongo que cualquiera que me vea se dará cuenta de que estoy de parto.
– O pensará que te vas patas abajo. – Mi marido y sus chistes malos.

Eran las diez y diez y nos habíamos sentado en un rellano.

– Bajamos esta calle y luego vamos al coche a por la mochila y al hospital. –le dije.

Pero fue levantarme y me dio una contracción de las fuertes.

– Mejor acompáñame al hospital (estábamos sólo a 200 metros) y luego vas tú corriendo a por la mochila.

Di cinco pasos y otra contracción. Crucé el paso de cebra y otra más. Ahí ya no podía disimular y una mujer que estaba en la parada del autobús se me quedó mirando con media sonrisa.

Llegamos a la puerta del hospital.

– Corre. – le dije a mi marido.
– Ves entrando.
– No, no, yo te espero aquí.

Yo ya notaba que el Pequeñajo estaba encajado. Vuelve mi marido. Dos ascensores para todo el puñetero hospital y uno estropeado. Los segundos se hacen eternos. Me voy corriendo para las escaleras. Pico a la puerta del Área de Ginecología. ¡Pero por qué tardarán tanto! Abren, son las 10:35 horas.

Mi marido se queda en la sala de espera mientras me miran.

Me tengo que quitar los pantalones y casi no puedo por las contracciones.

– Uy qué bien, ¡si estás completa ya!
– Oye que me lo he pensado mejor y sí que quiero la epidural.
– ¡Qué dices! Pero si lo estás haciendo muy bien, eres una campeona.
– No, no, que me acuerdo del primero y no me apetece estar así cinco horas más.
– ¿Estás segura?
– No… pero pónmela.

Me acompañan a una sala de dilatación. Me ponen las correas y una enfermera empieza a ponerme una vía.

– Creo que he roto aguas. – la chica me mira.
– No, no.

Y de repente, ¡flas! Rompo aguas.

– ¡Qué sale, qué sale! – empiezo a gritar.
– No hombre, no, tranquila.
– ¡Qué sí! ¡Qué sale! ¡Ayuda! – Eso fue lo que me salió, un poco ridículo pero por suerte no me dio por insultar.

Viene la comadrona.

– Si no te estás quieta no podemos ponerte la epidural. ¿Vas a poder?
– Sí, sí… ¡qué sale!

Me mira y dice.

– Sí, sí, ya está aquí.

De repente cogen la cama y me llevan corriendo a sala de partos. Yo seguía gritando, por supuesto, y seguía empujando porque notaba como presionaba la cabecita a punto de salir.

– ¡Mi marido, mi marido!
– Ahora le avisamos, tranquila.

En la sala de partos me dicen que me pase a la camilla.

– No puedo, no puedo.
– Que sí, apoya los codos.
– ¡No puedo! – en ese momento tuve un instante de lucidez y pensé. Joder, sois cinco, tan difícil es ayudarme a subir a la camilla. Yo es que no podía levantarme.
– Que sí, que sí. – Hago un esfuerzo y consigo medio arrastrarme, me ayudan un poco. Sigo gritando y mientras todas me dicen que lo estoy haciendo muy bien, la comadrona jefe me dice.
– Muy mal, no grites, respira.

¡Joder! Pienso, pero respiro. Casi no me entero de nada de lo que me dicen. Pero de repente oigo.

– Ya estoy aquí. – Es mi marido.
– Venga empuja, que ya casi está. – dice una comadrona.

Empujo con todas mis fuerzas y noto como sale la cabeza y una sensación de alivio inmediata, ya no me duele nada. Salen los hombros y oigo un ¡crec! Y entonces me ponen al Pequeñajo encima por primera vez. Me parece increíble que ya esté aquí, todo ha salido bien, el peque está bien. En un primer momento no se me parece en nada a su hermano. Ha nacido a las 10:57.

– ¡Es mofeta! – dice mi marido.

Yo me río. Y es que mi hijo mayor nació totalmente calvo y sin cejas y mi marido siempre dice al ver mi foto de recién nacida, con una mata de pelo negro en la cabeza, que parece que tenga una mofeta en la cabeza. Aunque debo decir que el Pequeñajo es moreno pero no tiene tanto pelo, no es ni calvo ni peludo.

Se lo llevan para pesarlo.

– ¿Cuánto? – pregunto algo nerviosa. Y es que en la ecografía del tercer trimestre me habían dicho que era pequeño y que tenía que hacer reposo y tomar proteínas.
– 3,500.
– ¡Uala! – decimos mi marido y yo.
– Oye – le digo a mi marido bajito – ¿Al niño se le ha dislocado el hombro o algo? Porque he oído un crec.
– ¿El niño? – me contesta – Si has sido tú.

Y es que la cosa fue tan rápido (desde que rompí aguas hasta que salió pasaron 7 minutos) que me desgarré. Por suerte no me hicieron episiotomía pero sí que me tuvieron que coser y para mi desgracia la que lo hizo era novata. Ahí estaba yo, temblando, empapada, deseando que acabaran ya para poder estirar las piernas y darle el pecho a mi hijo, con una comadrona cosiendo y la otra explicándole cómo tenía que hacerlo. ¡Yo que ya venía algo traumada de casa por mi cicatriz del parto anterior!

Pero todo fue bien, la estancia en el hospital genial, el Pequeñajo es un amor y su hermano también.

Este parto fue mucho mejor que el primero y eso que el primero no fue malo. Dilaté paseando tranquilamente por la calle y estuve con contracciones fuertes durante menos de una hora. Fue un parto muy corto pero es que lo llevo en los genes. Mi abuela tuvo a mi tía con el abrigo y las medias puestas, y mi madre también tuvo partos muy cortos. Al final conseguí parir sin epidural y aunque noté todo el expulsivo para mí fue peor estar cuatro horas con contracciones fuertes y sin separación entre una y otra como me pasó con el Mayor.

Lo mejor de parir sin epidural es que me pude levantar justo después de parir, pude comer en cuanto subí a la habitación y me encontré genial y con mucha energía en seguida.

Mi intención era explicar los dos partos en un mismo post, pero me enrollo tanto que sería muy largo, así que próximamente… El parto del Mayor.

¿Y vosotras tuvisteis un parto corto? ¿Paristeis con o sin epidural? ¿Hay algo que no os gustó?

Ya somos uno más

Ya somos uno más

Después de cinco días de retraso el pequeñajo se decidió a salir el pasado domingo 9 de noviembre. Pese a que nos habían dicho que era pequeñito, gracias al reposo del último mes y a las proteínas, ha pesado nada más y nada menos que 3,500 kg. Yo todavía estoy que no me lo creo.

De momento todo está resultando muy fácil. Estábamos preparados para enfrentarnos a los celos, el insomnio, el cansancio, las prisas, las grietas en los pezones, los puntos dolorosos… y resulta que todo va sobre ruedas.

El peque mayor está encantado con su hermano. Quiere cogerlo a todas horas, le da besos constantemente y quiere que esté siempre en la misma habitación en la que está él. Espera pacientemente su turno para que le coja en brazos si ve que el pequeñajo está mamando y si no, se conforma con los brazos de su padre.

Lo pasó mal los días que estuve en el hospital. Quería que nos fuéramos los cuatro a casa. La primera noche durmió con mis padres, y le costó mucho dormirse y me llamaba, así que la segunda noche mi marido se fue a casa con él y mi madre se quedó conmigo. En la guardería el lunes y el martes estuvo chinchoso pero en cuanto nos dieron el alta volvió a estar como siempre, la mar de contento.

En el hospital estuvimos muy relajados. Muchas gracias a nuestra familia y amigos por entender que esos días necesitábamos tranquilidad y haber esperado un poco más para conocer al nuevo miembro de la familia.

El pequeñajo parece ser más tranquilo y dormilón que su hermano, las primeras noches hemos dormido genial, llevamos unos días con cólicos aunque nada del otro mundo. Igual que el peque mayor es un bebé que no llora nada de nada.

Con el pecho mucho mejor que con el primero, se engancha muy bien desde el principio, pero cuando me subió la leche le pasó lo mismo que al mayor, el pecho derecho le costaba engancharlo y me dolía cuando empezaba a mamar. Al parecer se me hinchan muchísimo cuando me sube la leche, y la comadrona me dijo enseguida que tenía que vaciármelos un par de veces al día bajo la ducha porque si no iba a coger otra mastitis. Le hice caso de inmediato y sorprendentemente dejó de dolerme el pecho cuando el pequeñajo se enganchaba, fue casi instantáneo. Con el mayor también tuve que hacerlo pero no me dejó de doler porque tenía los pezones llenos de grietas. Puede que influyera el hecho de que el mayor tenía un poco de frenillo sublingual, y que le detectaron y cortaron con 5 meses, no lo sé, el caso es que por si acaso me he asegurado de que el pequeñajo no tiene el frenillo corto.

En cuanto a los puntos, no me hicieron episiotomía pero en el parto tuve un desgarro, así que no me he librado de ellos, pero no tiene nada que ver una episio con un desgarro pequeño, sólo me molestaron los primeros cuatro días.

Y si lo que os interesa es la historia del parto tendréis que esperaros al siguiente post dónde os contaré mis dos partos, sólo os avanzaré que el segundo fue mejor que el primero, que fue muy rápido y sin epidural.

Cuando digo todo esto, lo bien que nos va, hay gente que parece que quiera bajarme de la nube a bastonazos con comentarios como: “Ui, te va bien de momento, ya verás luego” o “Los segundos son peores que los primeros, así que es bueno sólo ahora porque es muy pequeño”. Soy consciente de que las cosas no son de color de rosa eternamente, pero me considero una persona optimista y no creo que haya que ser melodramático. No soy idiota, tampoco soy primeriza, sé que los niños cambian, que mi hijo mayor tendrá celos en algún momento, que habrá días malos o difíciles, que es más cansado tener dos que uno, pero no me agobio por eso, son cosas inherentes a la maternidad. Tampoco estoy de acuerdo con que el segundo tiene que ser por fuerza peor que el primero. Es lógico que se espabile antes porque tiene al mayor como referencia pero ¿qué relación tiene nacer segundo para, por ejemplo, ser peor para dormir o comer?

Espero que la buena racha dure pero la semana que viene tendré que apañarme sin mi marido porque se le acaba la baja de paternidad, y ahí veré de verdad cómo es esto de levantarse preparar a dos peques y a una misma, y salir escopeteada para la guarde.

La odisea de la lactancia materna

La odisea de la lactancia materna

En mi ignorancia pensaba que dar el pecho era algo fácil e instintivo y así me pareció el primer día cuando nació mi peque. No obstante, la segunda noche, se la pasó mamando y mamando, todavía no me había subido la leche y con el calostro no se saciaba. Como resultado de esa noche me salieron grietas en los dos pezones y un morado en el pezón del pecho derecho. Cada vez que mamaba casi se me saltaban las lágrimas, empecé a ponerme lanolina, probé con usar pezoneras para ver si me dolía menos, pero ni el peque las quería ni me aliviaban el dolor.

Por la mañana me sentía frustrada, agotada y pedí ayuda a las enfermeras. Vinieron a ayudarme, corrigieron mi postura, me dijeron que el peque se cogía bien…pero añadieron que no podía ser que tuviera al niño todo el rato enganchado a la teta, que necesitaba descansar y que era mejor que le diera un suplemento con una jeringuilla. Ese consejo me sentó muy mal en ese momento, sentí que estaba haciendo las cosas mal, acababa de parir y ya era incapaz de cubrir las necesidades de mi hijo. Además esa mañana en el hospital fue caótica en cuestión de visitas.

Esto de las visitas daría para otro post, pero mi consejo para las que todavía no sois mamás es que mejor que vengan a visitaros a casa, cuando estéis más tranquilas, cuando os hayáis adaptado a la situación, y no todos de golpe en el hospital. Son demasiadas cosas las que hay que asimilar en esos primeros días, demasiadas cosas que aprender, que experimentar y se necesita tranquilidad para poder verlo todo con mayor perspectiva. Tengo amigas que me lo habían dicho pero yo no le di mayor importancia y pensé que exageraban. Con el segundo haré lo posible para que no vuelva a pasar. Sólo os diré que prácticamente no recuerdo nada de ese segundo día, ni siquiera recuerdo quién vino a verme, pero la habitación estaba llena a reventar, todo el mundo me decía haz esto, haz aquello. Yo intentaba dar el pecho, estaba cansada, estresada, preocupada por el peque…Algún familiar me dijo: ¡Pues dale el suplemento! Y al final me rendí y se lo di, casi llorando, y mi tía tiene fotos del momento, las tiene en un álbum, casi enmarcadas, sé que no lo hizo con mala intención, que no sabe que era algo que no quería recordar, pero fue difícil para mí y al principio cuando veía esas fotos hacía que me sintiera mal.

Después de darle el suplemento, en seguida se quedó a gusto, pero luego empezó a dolerle la barriga. No sé dónde leí que había una mayor incidencia de casos de alergia a la proteína de vaca e intolerancia a la lactosa debido a que a los niños se les introducía prematuramente la leche de vaca. No sé si eso tuvo relación o no, pero mi hijo ha tenido problemas con los lácteos, le han hecho pruebas para descartar alergias, creemos que tiene un grado de intolerancia a la lactosa que por suerte ha ido disminuyendo en los últimos meses. No estoy diciendo que le pase a todos los niños, de hecho hay muchísimos niños que se alimentan con leche artificial desde el principio, pero al parecer mi hijo tenía el intestino bastante inmaduro, y hasta aproximadamente al año no mejoró, así que es posible que al ser más delicado influyera en algo.

Por la tarde empezó a subirme la leche y se me pusieron los pechos como piedras. Hasta que nos dieron el alta, diferentes enfermeras y comadronas volvieron a explicarme cómo ponerle al pecho para que no me hiciera grietas, pero cada una me dijo cosas diferentes.

El día que me dieron el alta empezó a rechazarme el pecho derecho. La primera noche en casa fue horrible, de madrugada el peque lloraba y lloraba delante del pecho negando con la cabeza. La leche me salía sola, iba goteando por todos lados, empapando los discos de lactancia, el sujetador, las sábanas, me salía a chorro cada vez que él mamaba. Tenía mucha leche, pero aún y así le pedí a mi marido que se fuera corriendo a una farmacia 24 horas a comprar leche en polvo por si era ese el problema, se tomó un biberón la mar de bien, pero otra vez empezó con el dolor de barriga.

Al días siguiente por la mañana fuimos de urgencias al ambulatorio porque ya no podía más. La comadrona me dijo que tenía que vaciarme los pechos que iba a coger una mastitis, intentó que el peque se cogiera bien al pecho y mamara, pero sólo quería el pecho izquierdo, así que me sugirió que me sacara leche con un sacaleches del pecho derecho.

Me compré un sacaleches. Me sacaba la leche con mucha facilidad y llenaba vasitos en pocos minutos. Pero cansa muchísimo tener que estar sacándote leche cada pocas horas. Pese a ir sacándome leche del derecho, seguí intentando que se cogiera y aunque tardara más tiempo en cogerse, acababa mamando de ese pecho. Esa primera semana me dolía tanto darle de mamar que me dije a mí misma que si en una semana la cosa no había mejorado renunciaría a darle el pecho. En ese momento entendí porqué muchas mamás acaban dando biberón, me di cuenta de que algunas veces las cosas no son tan fáciles como parecen y que no hay que juzgar las decisiones de los demás sin conocimiento de causa.

Al cabo de unos días tuve revisión con mi comadrona y ya la cosa iba mejor, me dijo que no se enganchaba bien en el pecho “malo” porque tenía tanta leche y estaba tan hinchado que le costaba cogerse, así que me aconsejó que me lo vaciará manualmente un poco antes de darle el pecho y que dejara el sacaleches porque si no iba a producir demasiada leche. A partir de ahí todo se normalizó, también ya conocía mejor a mi peque y ya entendía lo que le pasaba.

Necesitamos aproximadamente tres semanas para que nuestra lactancia se instaurara correctamente y cuando por fin todo iba sobre ruedas, cogí mastitis en ambos pechos. Me puse casi a 39 de fiebre. ¿Por qué? En primer lugar porqué uno de los sujetadores de lactancia que me había comprado, el más caro además, muy mono, con aros (ese fue el error principal), me presionaba el pecho e hizo que se obstruyeran algunos conductos de la parte cercana a las axilas. Y en segundo lugar porque el peque había cogido ya un buen ritmo y de mamar en media hora o más, ahora lo hacía en diez minutos, así que cometí un error de novata (pese a haber leído mil y un libros sobre lactancia materna): algunas veces le daba dos tomas seguidas del mismo pecho pensando que lo había dejado a medias. Y es que todavía hoy, después de haber dado de mamar a mi hijo durante 22 meses ¡no sé cuándo ha vaciado un pecho! Es algo que te lo repiten una y otra vez los profesionales de la salud y que parece algo muy sencillo, pero para mí no. Así que después, simplemente fui dándole un pecho en cada toma y ya está, independientemente de cuánto rato mamara cada vez, porque no notaba cuándo se vaciaba.

Por suerte ahí acabó mi odisea con la lactancia materna, es cierto que cuando mi peque tenía un año volví a coger mastitis en un pecho, pero no recuerdo qué la causó. No obstante, hay muchas mamás que después tienen problemas durante la llamada crisis de los tres meses, en que el pecho deja de llenarse y pasa a producir la leche cuando el bebé succiona y, al principio, los peques se tienen que adaptar al hecho de que la leche ya no sale justo en el momento en que empiezan a mamar. A mi peque no le pasó, no estoy segura pero quizás fue porque siempre le daba el pecho antes de que llorara, y cuando empezaba a mamar no estaba muerto de hambre, no lo sé.

¿Y qué he aprendido con mi experiencia?

– Sé que cuando el peque lloraba delante del pecho no era porque no lo quisiera, si no porque no podía cogerse bien y cuando por fin lo conseguía se atragantaba con el chorro de leche que salía a presión y necesitaba aprender a mamar.

Sé que dar el pecho puede no ser fácil, aunque también conozco mamás que no han tenido ningún problema desde el principio.

Sé que es muy importante elegir un buen sujetador. Sin aros y que nos coja todo el pecho. Una gran desventaja es que compramos los sujetadores de lactancia a ciegas, porque hasta que no te sube la leche no sabes qué talla tendrás realmente.

– Pienso que el inicio de mi lactancia hubiese sido más sencillo si hubiera estado más tranquila en el hospital y no hubiera habido un flujo constante de gente desde las 9 de la mañana a las 10 de la noche.

Sé que no hay que estar en tensión mientras el peque mama porque se la transmites a él, una buena manera de relajarse es no mirar nunca el reloj. Yo no lo hacía, nunca he sabido cuánto tiempo tardaba en mamar ni cuantas veces lo hacía, más arriba os he puesto una aproximación pero seguramente tardaba más en mamar al principio y se enganchaba muchísimas veces, ya os digo que más de 10 al día. Hay mamás que creen que los peques maman en unos minutos y después se quedan durmiendo en la cuna. Algún bebé habrá que lo haga, pero al menos el mío no, y se pasaba pegado a mí todo el día, por suerte nunca me ha importado, así que nunca me ha supuesto un problema.

– Sé que hay mamás que consiguen una buena lactancia materna de un solo pecho, en mi caso, pese a todo, conseguí que acabara cogiendo los dos pechos indistintamente.

– Hasta hace unos meses estaba convencida de que me sobraba experiencia con la lactancia y que con el segundo no iba a tener ningún problema, pero mi peque se destetó cuando yo ya estaba embarazada, al inicio del segundo trimestre, y me hizo un poco de herida en los pezones pese a llevar tantos meses de lactancia y sabiendo mamar él perfectamente, por lo que he llegado a la conclusión de que aunque se coja bien y tengas una buena postura, la sensibilidad de los pechos también influye en que aparezcan grietas, así que no todo depende de lo bien o mal que lo hagamos nosotras.

– No entiendo por qué en la canastilla del hospital te aconsejan que lleves camisones con botones. Es lo más incómodo del mundo. Te pasas el día abrochando y desabrochando botones y con el pecho al aire. En mi opinión, mejor un camisón de lactancia que se pueda levantar por debajo del pecho, sobretodo para las más pudorosas. Y fuera de casa ropa normal y corriente (¡mejor sin botones!).

– A veces nos da la sensación de que nosotras somos las únicas novatas, pero nuestros hijos también lo son y necesitan tiempo para adaptarse a la nueva situación, ¡tan a gusto que estaban ellos dentro de nuestra barriga sin pasar frío ni calor y sin tener que esforzarse para alimentarse!

Con este post no quiero ni mucho menos desanimar a ninguna mamá para que dé el pecho, todo lo contrario, para mí dar el pecho ha sido una de las mejores experiencias de la maternidad, es algo único, imposible de expresar con palabras. Pero creo que afrontas mucho mejor los problemas que puedan surgir si no vas con una idea equivocada o idealizada sobre la lactancia. Así que mucho ánimo a las que dais el pecho y a las que no, porque independientemente de lo que hagamos, lo más importante es que nuestros hijos sean felices y nosotras también.

¿Y vosotras, habéis tenido problemas para dar el pecho?

Podéis leer cómo fue nuestro destete aquí.

Frente a los problemas de comportamiento

Frente a los problemas de comportamiento

Estamos otra vez con lo de siempre. Si tu hijo se despierta 5 veces por la noche es que tiene problemas de sueño, si no se está quieto en el carro y hace todo lo que le dices tiene problemas de comportamiento. Pero vamos a ver, ¡de dónde se sacan algunos profesionales lo que es normal y lo que no! ¿Cuántos niños duermen con un año diez horas del tirón? ¿Cuántos niños se están quietos sin moverse en el mismo sitio y no utilizan la palabra NO? Pues alguno habrá, pero nadie me va a convencer de que el 99% de los niños son así y que el mío es el 1% restante.

¿A qué viene todo este rollo? Pues a otra perla que me soltaron la pediatra y la enfermera de pediatría cuando mi peque tenía casi 14 meses. Sí, habéis leído bien, 14 meses.

Mi peque es de principios de agosto así que la revisión del año acabó cayendo a finales de septiembre, al ser un pueblo pequeño en agosto no hacen revisiones y las primeras semanas de septiembre la pediatra tenía vacaciones. Lo miraron, lo midieron, lo pesaron… Y en ese punto empezó, como en cada revisión, el conflicto. Que si no ha aumentado casi, que tiene que comer más, que si déjale el pecho, porque nosotras somos férreas defensoras de la lactancia materna, pero está claro que en el caso de tu hijo está influyendo negativamente en su peso y hay que destetarlo, tendrás que comprarle Pediasure… Llegados a este punto a mí ya me hervía la sangre, y por suerte o por desgracia mi cara lo dice todo, no sé poner cara de pocker. Les dije claramente que no lo iba a destetar y que no tenía claro que necesitara el Pediasure. Y entre tiras y aflojas, no sé cómo, la conversación derivó en el comportamiento de mi hijo. No sé qué les dije, no sé si fueron ellas las que me preguntaron alguna cosa, el caso es que mi peque es un niño que tiene mucha personalidad, que no quiere decir que sea un niño de pataletas, ni que te destroce la casa en una milésima de segunda. Cuando digo que mi hijo es muy movido, la gente sobreentiende que es un salvaje incontrolable. El caso es que mi peque es muy expresivo desde muy pequeño, yo también lo era, y desde bastante bebé ha sabido hacernos entender lo que le gusta y lo que no, y nosotros hemos intentado respetar, dentro de lo posible, sus preferencias. Que hay algo de comer que no quiere porque le da un asco tremendo, pues lo substituyo por otra cosa parecida la próxima vez y al cabo de un tiempo le vuelvo a probar lo primero. Con la comida parece que nos olvidamos cómo comemos nosotros los adultos, si hay algo que no nos gusta muchas veces no lo comemos y a nadie parece importarle, ¿por qué con los niños hay que ser tan inflexible? ¿Qué más da que la pera no le guste si se come la manzana? ¿Qué más da?

Me estoy yendo un poco por las ramas. El caso es que mi hijo con casi 14 meses, empezaba a enfadarse o enrabietarse (dependiendo del día) cuando no quería algo, se pasaba el día diciendo que no, tenía una temporadita de esas en las que hay que armarse de paciencia, y además comía poquito para comer y cenar, llevaba unos meses sin probar los cereales para desayunar y yo estaba bastante harta de la persecución a la que nos tenían sometidos la pediatra y la enfermera. A parte, agosto había sido un mes duro, a mi suegro le había dado un ataque al corazón en León (él es de allí y va todos los veranos) y mi marido se había ido dos semanas para estar con él, por lo que me había quedado sola y había tenido que hacer peripecias para combinarme los horarios del trabajo con mi madre para que pudiera quedarse con el peque. Estaba agotada, así que no fui con muy buena cara a la revisión, y para acabarlo de rematar, después de inflarme la cabeza con lo del peso y el destete, la enfermera de pediatría, ni corta ni perezosa me dijo:

– Tu hijo tiene problemas de comportamiento. Está un poco adelantado a su edad y parece que tiene la crisis de los 2 años. En el pueblo de al lado está el centro X que es para familias cuyos hijos tienen problemas, hay psicólogos especializados en el tema, toma el teléfono, ya me dirás qué tal.

En ese momento no supe cómo reaccionar. Me guardé el teléfono del centro y el folleto del Pediasure, recogí los bártulos (hijo incluido) y me fui a la farmacia. Le compré el dichoso bote de Pediasure y cuando llegué a casa y me tranquilicé. Empecé a cabrearme conmigo misma. Me había dejado llevar a su terreno, había dudado de lo que yo creía, de mi hijo. Guardé el Pediasure y tiré el teléfono del maldito centro a la basura.

No me entra en la cabeza que alguien pueda pensar que un niño tan pequeño pueda tener problemas de comportamiento, ni con 14 meses, ni con 2 años ni con 3. Que sean rebeldes, que defiendan sus preferencias, que hagan todo lo contrario a lo que les dices no significa que tengan problemas, para mí quiere decir que están madurando, están creciendo, están reivindicando que ellos no son como nosotros, que no tienen por qué pensar como sus padres, ni tienen por qué gustarles las mismas cosas, y quieren tener derecho a tomar decisiones, y creo que hay que dejarles. No me entendáis mal, no quiero decir que hay que dejarles hacer lo que quieran, pero hay decisiones que pueden tomar que son totalmente inofensivas como la camiseta que se quieren poner, el vaso que quieren para beber, qué fruta quieren comer, si quieren ir al parque o quedarse en casa… Y eso les da seguridad en sí mismos, se sienten valorados, sienten que su opinión cuenta y lo más importante, hace que se sientan felices.

¿Y a vosotros? ¿Os han soltado alguna perla parecida sobre vuestros peques? ¿Qué pensáis sobre los teóricos problemas de comportamiento?

Nuestra wishlist para el futuro peque de la casa

Batmami nos ha propuesto a las mamás embarazadas hacer una wishlist para los futuros peques (podéis leer la suya aquí), así que aquí tenéis la lista de nacimiento que preparé hace unas semanas para mi familia.

Todo el mundo me pregunta qué necesitamos para el peque menor y como me resulta un poco embarazoso pedir cosas a los demás decidí darle un toque de humor, que en mi familia somos muy de la broma. Notaréis que al ser el segundo no necesitamos cosas de gran envergadura porque las aprovechamos del mayor.

Silla auto Axkid Kidzone (http://www.axkid.se/en/products-en/)
Precio: 345-370€

Axkid kidzone
¡No preocuparse! Este artículo está pensado para abuelos muy cegados por el amor hacia sus nietos, millonarios anónimos o contribuciones solidarias de lo que buenamente se pueda y que se irán acumulando en un bote.
*Añado para vosotros que elegimos esta silla porque hace poco leí un articulo en una revista sobre el Plus Test Sueco que desconocía totalmente y que recomienda que los niños vayan a contramarcha hasta mínimo los 3 años. Si queréis más información hay un post que lo explica bastante bien en (http://retensioninfantil.blogspot.com.es/2013/03/suecia-vs-el-mundo-el-plus-test.html). Papi ya me ha dicho que no conseguiré jamás de los jamases darle la vuelta otra vez al peque mayor, lo cierto es que yo tampoco las tengo todas conmigo, pero este modelo permite también ir en dirección a la marcha.

Sacaleches eléctrico Medela Swing (http://www.medela.com/ES/es/breastfeeding.html)
Precio: 130-160€

Medela swing
Suficientes musculitos hice ya con el peque mayor. ¡Que trabaje otro por mí!
Aunque la verdadera razón de que necesitemos un sacaleches eléctrico es que el tiempo es oro y ojeras menos pronunciadas amigos míos. ¡Compadeceos de una madre que no quiere convertirse en mapache!

Fular elástico portabebé Boba Wrap (http://www.boba.com/)
Precio: 39,95€

Boba1Boba2
Ya sabéis que somos férreos defensores de la crianza con apego y el fular que compramos para el peque mayor no nos acabó de funcionar. El peque menor estará muy agradecido a aquel que contribuya a que no tenga que pasear tumbado en un cuco permanentemente, los genes cotillas inundan a raudales las venas de nuestros retoños (ya conocéis al padre de las criaturas).
*El fular que no nos acabó de funcionar era una bandolera con anillas, este martes asistiremos a un taller de porteo e intentaré resolver algunas dudas. A partir de los seis meses utilizaremos también la mochila ergonómica Boba Baby Carrier 3G Tweet que nos ha ido genial con el peque mayor.

Funda para Maxi-cosi Pebble Turquoise fish Fundas Bcn (http://www.fundasbcn.com/es/)
Precio: 37,25€

Fundas bcn
¡Sí soy un poco pijales! Pero estoy abierta a propuestas contra más originales mejor. Si encontráis alguna funda para maxi-cosi monísima de la muerte y barata, por mí encantada.

Hamaca Baby ok verde (http://www.okbaby.it/en/)
Precio: 26€

Baby ok
No tiene mucho glamour pero va genial. Nos gusta en verde pero no estamos cerrados a otros colores siempre que no sea azul (este último porque aquí el hermano mayor es poseedor de una hamaca baby ok en color azul y no queremos gritos tipo “¡¡¡Es del (nombre del peque mayor)!!!”. Léase entre líneas hermano renacuajo quita tus posaderas de mi oso bañeril).

Muselinas Aden-anaïs (into the woods, vintage circus) (http://www.adenandanais.com/)
Precio: 16€/ud – 23€ pack de 3 ud

AdenanaisAdenanais2
Estoy enamorada de la muselina de la foto en la que está envuelto el bebé (modelo vintage circus), lamentablemente en muchos sitios la venden en pack de 4 unidades y las otras 3 no me gustan mucho. Si alguien la consigue suelta le daré un beso grandote, si no me conformo con el pack de 3 into the woods.
*¡Ya la he conseguido! ¡Yuju!

Set plato, bol, cuchara y vaso bambú Biobu de Ekobo turquesa/verde (http://www.ekobohome.com/kids-biobu-by-ekobo.htm)
Precio: 24,20€

Biobu
No me convence el menaje de plástico o melamina, y esta opción de bambú me parece muy acertada para peques que empiezan a comer sin correr el riesgo de que se carguen un plato de cerámica. Sí, soy un poco rara pero es lo que hay.
*Otra vajilla de bambú que me encanta pero me parecía pedir demasiado es la de Love Mae, ésta la acabaré consiguiendo por mi cuenta pero no sé si para los peques o para mí (http://www.lovemae.com.au):

LovemaeLovemae2

Baberos buhkids modelo Tokio y Osaka (http://www.buhkids.com)
Precio: 13,90€ cada uno

BuhkidsBuhkids2
Hay que probar cosas nuevas y aunque los baberos de Skiphop nos van muy bien, nos apetece probar estos con el peque menor, además son menos atractivos a ojos de un niño de 2 años, el peque mayor seguirá prefiriendo su girafa y su hipopótamo. Contribuid a minimizar las posibles causas de conflicto en nuestra casa.

Capa de baño superhéroes Micumacu (http://micumacu.com/es)
Precio: 33,95€ (pica un poquitín, I know)

Micumacu
Me quedé enamorada de la bata de superhéroes de esta marca y la tiene el peque mayor, así que para no dejar al peque menor sin superpoderes, nos pedimos esta capa de baño fantabulosa.
*¡Ya está en la mochila del hospital!

Manta de David fussenegger (http://www.davidfussenegger.com)

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¡Me parecen tan bonitas las mantas de este hombre! Pero después de buscar y buscar por todos lados, las que me gustaban o estaban descatalogadas o no eran de la medida que necesitaba así que mi hermana querida nos regaló esta mantita de gatos de Zara Home Kids:

zarahome

Saco de Baby bites (http://babybites.es)
Precio: 73,50€

Baby bitesBaby bites2
Este saco me encanta y por eso lo pongo aquí, pero no está realmente en mi wishlist porque ya tenemos otro del peque mayor y tampoco es plan de derrochar, que estamos en crisis.

¿Las que estáis embarazadas ya tenéis hecha vuestra lista de deseos? ¿Me recomendáis alguna cosilla que se me haya podido escapar?

*Todas las imágenes han sido extraídas de google imágenes o de las páginas web de las marcas mencionadas en esta entrada a las que pertenecen. Si por alguna razón consideras que alguna de ellas no deberían aparecer en este blog, por favor házmelo saber por email.

No soy primeriza pero tengo muchas dudas

No soy primeriza

Cuando ya tienes un hijo y vuelves a quedarte embarazada mucha gente te dice cosas como “Ya lo tienes todo hecho” o “Bueno, tú ya sabes de qué va”. Pero no es así. Cada embarazo, cada hijo, es un mundo y no es lo mismo tener uno que dos.

Sí que es cierto que el embarazo, pese a ser diferente, pese a que es más cansado (hay otro peque que te requiere constantemente), lo vives con más tranquilidad. No te asustas o te preocupas tan fácilmente, porque hay muchas cosas que ya has experimentado y la primera vez ya te informaste de si era normal o no. Durante mi primer embarazo leí y me documenté muchísimo, con este apenas he podido abrir un libro.
Tengo una espinita clavada que hace que me sienta culpable por no prestarle la misma atención que le presté a su hermano en su día. El primer embarazo fue algo mágico, maravilloso, cada día descubría cosas nuevas, le cantaba, le hablaba, me paraba a observar cada sensación, cada movimiento, me hacía miles de fotos… Con el segundo no he podido centrarme tanto, debido en parte a algunas circunstancias (ya os expliqué alguna cosa en el post del destete) y a que tengo un torbellino al que atender, que todavía es pequeño. Me da pena no poder dedicarme al segundo como lo hice con el primero pese a ser consciente de que es lo que hay, que a partir de ahora me voy a tener que partir en dos y van a tener que compartirme.

Estoy de más de 38 semanas y mi preocupación principal es el parto. Con el primer embarazo no me preocupaba tanto, no sé si por ingenuidad o por desconocimiento, pero no me daba miedo. “Es algo natural, todas las madres del mundo pasan por esto cada día”, “No será para tanto” me decía a mí misma. Yo iba con la idea de un parto natural, sin epidural, quería moverme lo que quisiera, que me pusieran a mi hijo encima nada más nacer, que no le cortaran el cordón umbilical hasta que no dejara de latir… pero en esto de los partos nunca se sabe, nada salió como yo había planeado.
No me extenderé con mi primer parto porque ya lo explicaré en otra entrada, pero para que os hagáis un poco a la idea os diré que, pese a todo, no tuve un mal parto. Dilaté hasta los diez centímetros sin epidural, las contracciones eran horribles porque dilataba muy rápido y no tenía descanso entre una y otra, pero mi hijo no salía, tenía una vuelta de cordón y acabaron poniéndome la epidural y haciéndome una episiotomía (eso sí que me da terror). Pese a que el dolor cesó, pese a que me quedé muy relajada, soy muy cabezota y de nuevo voy con la idea de parir sin epidural. No es que esté en contra, pero no me gusta la idea de que me claven una aguja de ese tamaño en la espalda, y aunque no tuve efectos secundarios, no soy muy amiga de los medicamentos. Pero intento no obcecarme con eso, cuando me encuentre en situación ya se verá y no hay que descartar nada. Yo siempre digo que habría firmado lo que fuese cuando estaba de parto, ¡hasta una hipoteca!

Pero más que el parto en sí, ahora tengo una preocupación que no tenía la primera vez, y es cómo le afectará a mi peque mayor. ¿Cómo llevará el no dormir una o dos noches sin sus papis? ¿Cómo llevará el que yo tenga que estar unos días en el hospital? Sé que cuando lo traigan a verme después no querrá irse y se me partirá el corazón, ¿pero qué voy a hacer? Yo lo escondería debajo de la cama del hospital o me iría de puntillas a casa con mis dos peques, pero no puede ser. Sé que es algo que tiene que pasar, que de hecho va a pasar dentro de nada, pero me angustia muchísimo.

Otra cosa es cómo se llevará con el bebé, si tendrá muchos celos o no. Desde que le dije que su hermanito está en la barriga de mamá está muy emocionado. Le da besos a la barriga, la abraza, lo llama por su nombre, le enseña cosas (a la barriga, sí), le pone juguetes encima… Si le decimos que hay que lavarse las manos, por ejemplo, él pregunta “¿Peque también?”, “No cariño, él no puede lavarse las manitas”. Pero aunque le encanten los bebés, pese a que sea muy cariñoso, eso no quiere decir que luego no tenga celos, porque no hay que olvidar que sólo tiene dos años y no es consciente realmente de lo que significa tener un hermano. Pero aunque tuviera diez, los celos son algo totalmente normal y natural. Así que habrá que armarse de paciencia.

Y por último, ¿cómo me las arreglaré con dos? El postparto es un mal aliado, las hormonas se vuelven locas y una se vuelve de lágrima fácil. Intento convencerme a mí misma de que no me derrumbaré en ningún momento, que tendré una paciencia infinita, que no me entrarán unas ganas locas de llorar a moco tendido, que no sacaré mi genio ante cualquier minucia… ¡pero a quién quiero engañar! No soy superwoman, no soy doña perfecta, una mamá también es una persona humana. A veces parece que por ser madre no puedes permitirte equivocarte o que tienes que tener siempre tu carácter bajo control pero, lo siento, una es como es y soy de las que piensan que mejor sacar lo que se lleva dentro. Desahogarse es bueno, va genial, te quedas en paz contigo misma, si no luego las cosas se enquistan y se hacen cada vez más y más grandes hasta que explotan en el peor momento, ¡al menos después del parto tienes la excusa de las hormonas!

¿Y a vosotras seáis primerizas o no, qué os preocupa o preocupaba cuando ibais a tener a vuestros peques?