Llora porque echa de menos a papá

Llora porque echa menos papá

Perdón por haber estado tanto tiempo ausente, pero estas semanas han sido algo caóticas y necesitaba desconectar un poco de todo y centrarme en mi familia. Normalmente aprovecho para escribir mientras el Peque Mayor está en la guardería y en Navidad, ya se sabe. A parte, el Pequeñajo se cargó tanto de mocos que se despertaba cada dos por tres, le costaba mamar y vomitaba muchísimo, por lo que necesitaba descansar.

Durante el primer mes del Pequeñajo tuve mucha ayuda, primero de mi marido y después de mis padres que cogieron vacaciones. Después he tenido que ocuparme de los dos yo sola.

Lo cierto es que pensaba que iba a ser más complicado pero, en general, creo que me las he apañado bastante bien gracias a los dos peques que son dos soles. El Peque Mayor es el que está haciendo un esfuerzo más grande y me siento muy orgullosa de lo bien que está llevando el hecho de compartirnos con su hermano, pese a todo.

Las primeras semanas del mes pasado lo pasó un poco mal. Durante el primer mes cuando necesitaba cualquier cosa y yo no podía atenderle al momento, se conformaba con su padre o con su yaya, sobretodo con su padre. Estaba todo el día con él. Y desde que ha tenido que volver a trabajar y además hacer horas extras le echa mucho de menos.

Lo más difícil que ha tenido que aprender es a saber esperarse cuando quiere algo. Los que tenéis niños pequeños sabéis que cuando un niño quiere algo lo quiere ya, y no dentro de diez segundos y mucho menos al cabo de media hora. Muchas veces tengo que decirle “Ahora no puedo que el Pequeñajo está comiendo, espérate a que acabe” y se lo digo algo cautelosa, estudiando su mirada, intentando averiguar si empieza a ver a su hermano como un obstáculo para conseguir lo que quiere, pero parece ser que no. A veces me dice “Sí, vale, mamá” (en esos momentos me lo comería a besos) y otras se pasa media hora repitiendo “Mama zumo” hasta que consigo ir a por el dichoso zumo. Pero no acostumbra a enfadarse, y eso que es un niño con mucho carácter, ya lo he dicho más de una vez. Y es que el Peque Mayor se me está haciendo mayor.

Estas semanas me ha dejado alucinada. El tió de casa del yayo le trajo un dragón que hace un ruido infernal mientras se pasea por toda la casa moviendo las alas (no sé por qué no le han puesto una ruedecita para bajar el volumen) y un día que el Pequeñajo estaba durmiendo le dije al Peque Mayor: “¿Cariño por qué no apagas el dragón que está el tete durmiendo y juegas con otra cosa?” y sorprendentemente dijo un “Sí, mamá”  y fue corriendo a apagarlo, pero lo que realmente me hizo gracia fue que cuando el Pequeñajo se despertó me preguntó: “¿Ara ‘pedo’, sí , mamá?”. En otra ocasión iba arriba y abajo con un correpasillos de la película Aviones, se le encendió la musiquita, y le oí decir: “No Dusty, para, Pequeñajo ta mumiendo”. No pude más que soltar una carcajada.

Y es que siempre está pendiente de su hermano. Si vomita, me avisa y va corriendo a por un babero, o sin decirle nada coge una manta para taparlo. Para dormir siempre nos ponemos uno de los dos entre ellos, me da miedo que el Peque Mayor pueda hacerle daño sin querer al Pequeñajo mientras duermen, pero el Peque Mayor no se está quieto hasta que no le dejamos estar a su lado porque “No veo al Pequeñajo mamá”. Nosotros le dejamos y cuando se duerme lo movemos a su sitio.

Se pasa el día enseñándole cosas “Pequeñajo mía (mira)” y cuando llora dice “Ya voy Pequeñajo” y después le pregunta “¿Qué ‘pacha’?” o le dice “No llores”. Y si se despierta por la mañana y no lo llevo en brazos porque está en la hamaca lo primero que me pregunta es dónde está.

Y lo de los besos y los abrazos es un punto y a parte. Todo el día le está dando besos, a todas horas y en todo momento. Hemos desistido de decirle que lo deje tranquilo si está durmiendo porque es misión imposible. Si quiere darle un beso se lo acabará dando, digamos lo que digamos o hagamos lo que hagamos, hasta que no lo consigue no para. Hemos cambiado el “Ahora no que está durmiendo” por “Vale pero flojito que está durmiendo”.

Pero no es que el Peque Mayor no tenga celos, sí que los tiene, pero no los paga con su hermano, si no con nosotros.

Reconozco que el primer mes no le dediqué el tiempo que me habría gustado, el Pequeñajo me absorbía tanto y tenía tanta ayuda que pensé que sería suficiente con que los demás me suplieran, pero llegó un momento en que sentí que le echaba de menos y se me vino el mundo encima. Si yo le echaba de menos él también me echaría de menos y yo era su madre, su todo, además sentía que cada vez que le hablaba era para recriminarle por alguna cosa y me sentí muy mal. Así que me propuse volcarme en él por muy cansada que estuviera. Ahora le animo a participar en todo lo que hago, cuando veo que está de malhumor en vez de frustrarme hago mil cosas hasta que logro sacarle una sonrisa, aprovecho los momentos en los que el Pequeñajo se duerme en la minicuna o está dormido en el maxi-cosi al sacarlo del coche para achuchar al Peque Mayor a solas, en exclusiva, y jugar con él totalmente concentrada. Y cada día procuro bañarlo yo, para tener ese ratito a solas de juegos y sonrisas que sé que a él le hace falta. Y mi recompensa la obtuve hace un par de semanas cuando me vino a buscar a la cocina y me dijo espontáneamente y por primera vez “Te ‘quero’ mucho mamá” mientras me abrazaba la pierna. Ahora me lo dice a todas horas, lo noto más relajado y vuelvo a verlo tan alegre como antes. Y todo esto me dice que lo estoy haciendo bien, que tenía razón, que me echaba de menos y que cuando se portaba mal era para llamar la atención.

De esto me di cuenta con mi marido. Estas semanas está volviendo tres o cuatro horas más tarde que de costumbre. Cuando vuelve a casa está cansado y yo aprovecho para darle al Pequeñajo y así poder ducharme, por ejemplo. Y el Peque Mayor, mientras su padre está con su hermano en el sofá, no deja de intentar saltarle por encima, le llama constantemente, le pide de todo, y si no consigue la atención que quiere empieza a hacer cosas que sabe que están mal y que le vamos a regañar.

Las primeras dos semanas después de que mi marido volviera a trabajar, se pasaba todo el día preguntando por él, pero cuando llegaba y quería ayudar al Peque Mayor con algo, él le decía que no, que la mama. Ahora cuando no está de humor y algo no le parece bien, le pega a su padre un manotazo en la pierna. Y sé que a mi marido esto le duele, porque tienen una relación muy estrecha y no entiende por qué le pega, o por qué sólo quiere que yo lo coja o le ayude a ponerse los zapatos y sé que se le clava una espinita cuando me dice esos “Te ‘quero’ mucho mamá”. Pero es normal, me paso las 24 horas del día con ellos ahora que estoy de baja y el comportamiento del Peque Mayor es su manera de castigar a su padre por estar menos tiempo en casa, tiene sólo dos años y no sabe cómo decirle de otra manera que le necesita y que le quiere y prueba irrefutable de ello es que cada vez que el Pequeñajo llora me dice: “Llora ‘poque’ echa de menos a papá”.

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Ya somos uno más

Ya somos uno más

Después de cinco días de retraso el pequeñajo se decidió a salir el pasado domingo 9 de noviembre. Pese a que nos habían dicho que era pequeñito, gracias al reposo del último mes y a las proteínas, ha pesado nada más y nada menos que 3,500 kg. Yo todavía estoy que no me lo creo.

De momento todo está resultando muy fácil. Estábamos preparados para enfrentarnos a los celos, el insomnio, el cansancio, las prisas, las grietas en los pezones, los puntos dolorosos… y resulta que todo va sobre ruedas.

El peque mayor está encantado con su hermano. Quiere cogerlo a todas horas, le da besos constantemente y quiere que esté siempre en la misma habitación en la que está él. Espera pacientemente su turno para que le coja en brazos si ve que el pequeñajo está mamando y si no, se conforma con los brazos de su padre.

Lo pasó mal los días que estuve en el hospital. Quería que nos fuéramos los cuatro a casa. La primera noche durmió con mis padres, y le costó mucho dormirse y me llamaba, así que la segunda noche mi marido se fue a casa con él y mi madre se quedó conmigo. En la guardería el lunes y el martes estuvo chinchoso pero en cuanto nos dieron el alta volvió a estar como siempre, la mar de contento.

En el hospital estuvimos muy relajados. Muchas gracias a nuestra familia y amigos por entender que esos días necesitábamos tranquilidad y haber esperado un poco más para conocer al nuevo miembro de la familia.

El pequeñajo parece ser más tranquilo y dormilón que su hermano, las primeras noches hemos dormido genial, llevamos unos días con cólicos aunque nada del otro mundo. Igual que el peque mayor es un bebé que no llora nada de nada.

Con el pecho mucho mejor que con el primero, se engancha muy bien desde el principio, pero cuando me subió la leche le pasó lo mismo que al mayor, el pecho derecho le costaba engancharlo y me dolía cuando empezaba a mamar. Al parecer se me hinchan muchísimo cuando me sube la leche, y la comadrona me dijo enseguida que tenía que vaciármelos un par de veces al día bajo la ducha porque si no iba a coger otra mastitis. Le hice caso de inmediato y sorprendentemente dejó de dolerme el pecho cuando el pequeñajo se enganchaba, fue casi instantáneo. Con el mayor también tuve que hacerlo pero no me dejó de doler porque tenía los pezones llenos de grietas. Puede que influyera el hecho de que el mayor tenía un poco de frenillo sublingual, y que le detectaron y cortaron con 5 meses, no lo sé, el caso es que por si acaso me he asegurado de que el pequeñajo no tiene el frenillo corto.

En cuanto a los puntos, no me hicieron episiotomía pero en el parto tuve un desgarro, así que no me he librado de ellos, pero no tiene nada que ver una episio con un desgarro pequeño, sólo me molestaron los primeros cuatro días.

Y si lo que os interesa es la historia del parto tendréis que esperaros al siguiente post dónde os contaré mis dos partos, sólo os avanzaré que el segundo fue mejor que el primero, que fue muy rápido y sin epidural.

Cuando digo todo esto, lo bien que nos va, hay gente que parece que quiera bajarme de la nube a bastonazos con comentarios como: “Ui, te va bien de momento, ya verás luego” o “Los segundos son peores que los primeros, así que es bueno sólo ahora porque es muy pequeño”. Soy consciente de que las cosas no son de color de rosa eternamente, pero me considero una persona optimista y no creo que haya que ser melodramático. No soy idiota, tampoco soy primeriza, sé que los niños cambian, que mi hijo mayor tendrá celos en algún momento, que habrá días malos o difíciles, que es más cansado tener dos que uno, pero no me agobio por eso, son cosas inherentes a la maternidad. Tampoco estoy de acuerdo con que el segundo tiene que ser por fuerza peor que el primero. Es lógico que se espabile antes porque tiene al mayor como referencia pero ¿qué relación tiene nacer segundo para, por ejemplo, ser peor para dormir o comer?

Espero que la buena racha dure pero la semana que viene tendré que apañarme sin mi marido porque se le acaba la baja de paternidad, y ahí veré de verdad cómo es esto de levantarse preparar a dos peques y a una misma, y salir escopeteada para la guarde.

No soy primeriza pero tengo muchas dudas

No soy primeriza

Cuando ya tienes un hijo y vuelves a quedarte embarazada mucha gente te dice cosas como “Ya lo tienes todo hecho” o “Bueno, tú ya sabes de qué va”. Pero no es así. Cada embarazo, cada hijo, es un mundo y no es lo mismo tener uno que dos.

Sí que es cierto que el embarazo, pese a ser diferente, pese a que es más cansado (hay otro peque que te requiere constantemente), lo vives con más tranquilidad. No te asustas o te preocupas tan fácilmente, porque hay muchas cosas que ya has experimentado y la primera vez ya te informaste de si era normal o no. Durante mi primer embarazo leí y me documenté muchísimo, con este apenas he podido abrir un libro.
Tengo una espinita clavada que hace que me sienta culpable por no prestarle la misma atención que le presté a su hermano en su día. El primer embarazo fue algo mágico, maravilloso, cada día descubría cosas nuevas, le cantaba, le hablaba, me paraba a observar cada sensación, cada movimiento, me hacía miles de fotos… Con el segundo no he podido centrarme tanto, debido en parte a algunas circunstancias (ya os expliqué alguna cosa en el post del destete) y a que tengo un torbellino al que atender, que todavía es pequeño. Me da pena no poder dedicarme al segundo como lo hice con el primero pese a ser consciente de que es lo que hay, que a partir de ahora me voy a tener que partir en dos y van a tener que compartirme.

Estoy de más de 38 semanas y mi preocupación principal es el parto. Con el primer embarazo no me preocupaba tanto, no sé si por ingenuidad o por desconocimiento, pero no me daba miedo. “Es algo natural, todas las madres del mundo pasan por esto cada día”, “No será para tanto” me decía a mí misma. Yo iba con la idea de un parto natural, sin epidural, quería moverme lo que quisiera, que me pusieran a mi hijo encima nada más nacer, que no le cortaran el cordón umbilical hasta que no dejara de latir… pero en esto de los partos nunca se sabe, nada salió como yo había planeado.
No me extenderé con mi primer parto porque ya lo explicaré en otra entrada, pero para que os hagáis un poco a la idea os diré que, pese a todo, no tuve un mal parto. Dilaté hasta los diez centímetros sin epidural, las contracciones eran horribles porque dilataba muy rápido y no tenía descanso entre una y otra, pero mi hijo no salía, tenía una vuelta de cordón y acabaron poniéndome la epidural y haciéndome una episiotomía (eso sí que me da terror). Pese a que el dolor cesó, pese a que me quedé muy relajada, soy muy cabezota y de nuevo voy con la idea de parir sin epidural. No es que esté en contra, pero no me gusta la idea de que me claven una aguja de ese tamaño en la espalda, y aunque no tuve efectos secundarios, no soy muy amiga de los medicamentos. Pero intento no obcecarme con eso, cuando me encuentre en situación ya se verá y no hay que descartar nada. Yo siempre digo que habría firmado lo que fuese cuando estaba de parto, ¡hasta una hipoteca!

Pero más que el parto en sí, ahora tengo una preocupación que no tenía la primera vez, y es cómo le afectará a mi peque mayor. ¿Cómo llevará el no dormir una o dos noches sin sus papis? ¿Cómo llevará el que yo tenga que estar unos días en el hospital? Sé que cuando lo traigan a verme después no querrá irse y se me partirá el corazón, ¿pero qué voy a hacer? Yo lo escondería debajo de la cama del hospital o me iría de puntillas a casa con mis dos peques, pero no puede ser. Sé que es algo que tiene que pasar, que de hecho va a pasar dentro de nada, pero me angustia muchísimo.

Otra cosa es cómo se llevará con el bebé, si tendrá muchos celos o no. Desde que le dije que su hermanito está en la barriga de mamá está muy emocionado. Le da besos a la barriga, la abraza, lo llama por su nombre, le enseña cosas (a la barriga, sí), le pone juguetes encima… Si le decimos que hay que lavarse las manos, por ejemplo, él pregunta “¿Peque también?”, “No cariño, él no puede lavarse las manitas”. Pero aunque le encanten los bebés, pese a que sea muy cariñoso, eso no quiere decir que luego no tenga celos, porque no hay que olvidar que sólo tiene dos años y no es consciente realmente de lo que significa tener un hermano. Pero aunque tuviera diez, los celos son algo totalmente normal y natural. Así que habrá que armarse de paciencia.

Y por último, ¿cómo me las arreglaré con dos? El postparto es un mal aliado, las hormonas se vuelven locas y una se vuelve de lágrima fácil. Intento convencerme a mí misma de que no me derrumbaré en ningún momento, que tendré una paciencia infinita, que no me entrarán unas ganas locas de llorar a moco tendido, que no sacaré mi genio ante cualquier minucia… ¡pero a quién quiero engañar! No soy superwoman, no soy doña perfecta, una mamá también es una persona humana. A veces parece que por ser madre no puedes permitirte equivocarte o que tienes que tener siempre tu carácter bajo control pero, lo siento, una es como es y soy de las que piensan que mejor sacar lo que se lleva dentro. Desahogarse es bueno, va genial, te quedas en paz contigo misma, si no luego las cosas se enquistan y se hacen cada vez más y más grandes hasta que explotan en el peor momento, ¡al menos después del parto tienes la excusa de las hormonas!

¿Y a vosotras seáis primerizas o no, qué os preocupa o preocupaba cuando ibais a tener a vuestros peques?