Así conciliamos

Así conciliamos

¡Me sabe tan mal no publicar más! ¡Tengo tantas cosas que contaros y tan poco tiempo! El 18 de marzo se acabó mi baja de maternidad y tuve que volver al trabajo y lo tengo todo abandonado, mi casa, mi vida social, mi marido (ten paciencia las aguas volverán a su cauce), mi pelo (hay días que salgo de casa sin haberme mirado ni un segundo  al espejo, espero no haber hecho mucho el ridículo), el blog… bueno, todo abandonado no, a mis hijos los tengo muy mimados y muy atendidos, no tengo tiempo para nada porque todo mi tiempo se lo dedico a ellos.

El Pequeñajo ya tiene 5 meses y parece que ha pasado un mundo desde la última vez que publiqué. Las crisis pasaron a la historia hace dos meses y no puedo más que decir que tengo una suerte enorme, que el pobrecito es un bebé todoterreno. Aguanta como un campeón los embistes de su hermano, las idas y venidas coche arriba y coche abajo (es lo que tienen los pueblos, necesitas el coche para todo), y no le ha costado en exceso adaptarse a mi vuelta al trabajo.

El PequeMayor está más calmado, por poner un adjetivo (calma y PequeMayor no son compatibles). Sigue igual de cariñoso y atento con su hermano, es un encanto. Verlos a los dos juntos es divertidísimo, el Pequeñajo sólo tiene ojos para él, le ríe todas las gracias, le sigue con la mirada a todas partes, le llama constantemente la atención con grititos y el PequeMayor se ríe a carcajadas cada vez que el Pequeñajo lo agarra de la camiseta, le babea la cara o intenta cogerle el plato mientras comemos.

En realidad mi idea para esta entrada es explicaros un poco nuestros tejemanejes para intentar conciliar nuestra vida laboral y familiar, para estar el mayor tiempo posible con nuestros niños. Tengo que deciros que no ha sido fácil, pero que también hemos tenido suerte, y que más vale preguntar en el trabajo que no hacerlo, porque el no ya lo tienes.

Con el PequeMayor acumulé la baja de maternidad, la lactancia y el mes de vacaciones y conseguí volver a trabajar cuando tenía 5 meses y medio. Teníamos muy claro que no queríamos llevarlo a la guardería tan pequeño y hasta el último momento mi suegra fue la opción que barajamos para cubrir mi jornada laboral que ya habíamos decidido que reduciría a 4 horas al día. Pero justo antes de volver me entró el pánico, en ese momento no nos llevábamos muy bien, éramos muy distintas por no decir opuestas y estaba convencida de que iba a pasar por alto nuestra manera de criarlo y todo acabaría en un enfrentamiento.

Así que se me ocurrió preguntar si podía hacer esas 4 horas por la tarde empezando al mediodía a la misma hora que mi marido acababa de trabajar ya que hace horario intensivo (no pondré nuestros horarios exactos por seguridad, espero que no os importe). Por suerte o por desgracia, según se mire, los dos trabajamos en la misma empresa, así que la idea era que cuando él acababa empezaba yo. Subía al trabajo con el PequeMayor en el coche y hacíamos el cambio. Por suerte me dijeron que sí.

Sin embargo, cuando el PequeMayor tenía casi un año me dijeron que tenía que entrar una hora antes (los motivos prefiero guardármelos), pero estaban en su derecho puesto que yo acababa una hora más tarde que mi jornada laboral de 8 horas. Lógicamente no nos gustó, pero no puedes hacer nada. Las inscripciones de las guarderías públicas estaban cerradas, mi suegra no se encontraba bien… pero no nos rendimos y volvimos a buscar opciones por muy estrambóticas que fueran ¡¡por una simple hora!! Así fue como mi madre, que para más inri también trabaja en la misma empresa, pidió dejar de hacer horario intensivo y cogerse una hora y media entre medio de su jornada laboral para “comer”, y en su hora de comer llegaba a mi casa, y yo salía pitando para el trabajo (antes vivíamos a 8 minutos del trabajo en coche), y después mi marido salía corriendo también para llegar a casa, quedarse con el niño y dejar que mi madre volviera al trabajo.

Y no sé si alguien más pensará lo mismo que nosotros pero lo recalcaré: ¡Todo esto por no poder conciliar una hora!

La cosa se complicó cuando hace un año nos mudamos a una casa a media hora del trabajo, pero nos apañamos como pudimos ya que iban a ser sólo unos meses, hasta que el PequeMayor empezara la guarde en septiembre. Mi suegra ya no estaba. Así que volvimos a recurrir a mi madre. En vez de venir a casa yo le llevaba al PequeMayor al trabajo y, entre que salía y no salía mi marido, se iban al parque (aunque la mayoría de veces llegaba dormido en el coche y ahí se quedaba echando la siesta).

Y ahora, ¿cómo lo hacemos? Yo cogí la baja a finales de septiembre y he estado cuidando a los dos hasta los 4 meses y una semana del Pequeñajo. Pero mi madre me dijo que no se veía capaz de ocuparse de los dos a la vez fuera de casa, sobretodo porque el PequeMayor es un cabraloca. Decidimos que dejaríamos al PequeMayor a comer en la guarde. Pero me sabía tan mal dejarlo tantas horas seguidas, además al trabajar de tarde no me vería en todo el día, y él está acostumbrado a pasar mucho tiempo conmigo, no me parecía justo. Volví a estrujarme el cerebro y ¡voilà! Mi marido pidió entrar quince minutos antes y yo en vez de compactar la lactancia dije que la utilizaría para entrar media hora más tarde hasta los nueve meses del Pequeñajo (el 9 de Agosto) y los quince minutos que quedan para completar esa hora se queda mi madre con ellos en el coche. Muy sencillo todo, a que sí.

Cuando se acabe el permiso de lactancia cogeremos vacaciones y otras historias más y en septiembre el PequeMayor empezará el cole (ay los coles, esto da para otro post) y el Pequeñajo la guarde, yo pasaré a hacer horario de mañana, mi marido entrará más tarde para dejarlos en el cole y yo saldré a tiempo para llevarlos a casa a comer. Y ahí se acabarán nuestros dolores de cabeza con la conciliación, en teoría.

Desde aquí hago un llamamiento para que, por favor, se haga algo ya en este país para ayudarnos a conciliar, no me parece pedir demasiado, no es normal que tengamos que inventarnos imposibles para poder trabajar y también para pasar tiempo y disfrutar de nuestros hijos. Porque ya lo digo yo, nosotros tenemos muchísima suerte, pero hay muchos padres que no la tienen, y esto no debería ser cuestión de suerte.

Y sobre todo, lo que es una vergüenza es que con 16 semanas haya que separar a un bebé de su madre. Demuestra muy poca humanidad, mucho desconocimiento sobre las necesidades de los niños y un enorme obstáculo para continuar con la lactancia materna, sobre todo para aquellas mamás que no pueden permitirse reducir sus jornadas laborales. Desde aquí mi apoyo a una mamá que conocí que tuvo que incorporarse a su trabajo cuando su niña tenía 8 semanas (por ley es el mínimo que tiene que coger una madre de baja y a veces las empresas se aprovechan de eso para presionar) y que entre lágrimas nos contó su fracaso con la lactancia materna por la que había luchado y que había conseguido instaurar, y que perdió al empezar su hija a rechazarle el pecho en favor del biberón con el que la alimentaban durante sus 8 horas de trabajo más el tiempo que tardaba en ir y volver del trabajo (que eso nunca se tiene en cuenta).

Y dejadme que diga: Muchas gracias mamá, no sé que haría sin ti.

¿Qué haríamos sin apoyo familiar? Y vosotros ¿podéis conciliar?