En nuestra cama somos cuatro

En nuestra cama somos cuatro

Una de mis dudas cuando me quedé embarazada del Pequeñajo era cómo nos las arreglaríamos para dormir todos juntos.

Nosotros empezamos a colechar con el Peque Mayor desde que nació por elección (ya hablé sobre eso en este post). Decidimos que era lo mejor para él y para nosotros, y es una decisión de la que no me he arrepentido nunca. Como ya comenté en el otro post, esto le choca a mucha gente, porque creen que colechar es un sacrificio, incómodo y cansado. Para nosotros no lo es. Nos gusta dormir juntos. A parte de la cantidad de beneficios que aporta el colecho, me gusta sentir a mis peques cerca de mí, estoy más tranquila al tenerlos conmigo y sé que ellos también se sienten seguros durmiendo con nosotros.

Buscando por internet es fácil encontrar consejos sobre el colecho con un peque, pero durmiendo con más de uno, no. Y de esto va este post.

Cuando iba a nacer el Pequeñajo me empecé a preguntar: ¿Se despertará el mayor cuando llore el pequeño? ¿Molestará el mayor al pequeño si no se duermen al mismo tiempo? ¿Cabremos bien los cuatro en la misma cama? ¿Cómo se tomará el mayor que no le abrace para dormirse mientras le doy el pecho al pequeño? ¿Cómo me las arreglaré a la hora de levantarnos?

Y, como siempre, todo a fluido de una manera muy natural y no tenía por qué haberme preocupado tanto.

Sobre si se despierta el mayor cuando llora el pequeño de noche, la respuesta es no. El Pequeñajo no llora mucho, pero ha tenido unas cuantas noches de cólicos y pese a los elevados decibelios, el Peque Mayor ni se ha inmutado. Ni cuando llora, ni cuando encendemos la lamparita para cambiarle el pañal. De la misma manera que no se despierta cuando al papi le suena el despertador y se levanta de la cama, con su habitual torpeza descuidada.

Respecto a si el Peque Mayor molesta al Pequeñajo cuando se va a dormir, supongo que tendría que decir que sí. Pero ya se ha acostumbrado. Lo ideal para dormir a un bebé es que el ambiente sea tranquilo. Poca luz, poco movimiento, nada de ruido… pero por mucho que le digamos al Peque Mayor que se esté quieto, que no salte en la cama y que hable bajito, bueno, él es un espíritu libre y tiene dos años. Lo que hemos hecho es intentar minimizar todo lo posible sus idas y venidas. Procuramos entrar en la habitación cuando ya estamos todos con el pijama puesto, los dientes lavados, las alarmas del móvil preparadas y una botella de agua en la mesilla. Si el Pequeñajo se duerme antes de que el Peque Mayor esté listo, me lo llevo yo sola a la cama y el papi y el Peque Mayor se nos unen después. Al principio era un constante entrar y salir, que si los calcetines, los dientes, ahora me voy con el papi que está acabando de recoger el comedor, ahora quiero agua, ahora enciendo la luz, venga a subir y bajar de la cama… y al final el Pequeñajo acababa despertándose.

Nuestra cama es de 1’80 por 2 metros de largo, pero por si acaso, transformamos la cuna del Ikea que el Peque Mayor no tocó en una cuna-colecho (si a alguno le interesa ya haré un post de cómo hacerlo porque es muy sencillo). Cuando la pusimos, un mes antes de que naciera el Pequeñajo, el Peque Mayor durmió un par de noches en ella, supongo que por la novedad, después se cansó y ahora pocas veces pide dormir en ella, y respecto al Pequeñajo, pues tampoco le gustó. Y ahora es una cuna-colecho-mesilla dónde dejamos los pañales y las toallitas que necesitamos para esa noche. Y a la pregunta de si cabemos, pues la verdad es que sí, y bastante a gusto, y la cuna-colecho nos sirve como barrera de uno de los laterales.

Los primeros días, el Peque Mayor se conformó con cogerme un brazo mientras yo le daba el pecho tumbada a su hermano, y pese al dolor de espalda que ello conlleva, no hubo ningún problema. Ahora sencillamente se duerme tumbado él solo, o abrazado a su padre, o mirando a su hermano como ya expliqué en el post anterior, o a mí si el Pequeñajo ya está dormido o lo está durmiendo el papi.

A la hora de levantarnos normalmente se despiertan más o menos a la vez, o con muy pocos minutos de diferencia, pero igual que hacía el Peque Mayor antes de que naciera el Pequeñajo cuando yo me levantaba. Tienen una especie de radar que detecta cuándo se quedan solos en la cama. El Peque Mayor tiene peor despertar y necesita que lo lleve en brazos mientras le preparó el desayuno, así que pongo al Pequeñajo en la hamaca hasta que siento al Peque Mayor en la mesa y me visto bajo la atenta mirada del Pequeñajo mientras el Peque Mayor desayuna y luego los visto a los dos por turnos. En la peor de las mañanas tengo que llevarlos en brazos a los dos a la vez y esperar a que a uno de los dos le apetezca esperarse un poco.

Y respecto a las precauciones que tomamos al colechar con un niño de dos años y un bebé de dos meses a parte de las reglas generales para practicar el colecho, es sencillamente que no duerman uno al lado del otro.

¿Y vosotros tenéis o teníais alguna duda u os preocupa alguna cosa sobre colechar con un peque o más de uno?

A dos brazos

A dos brazos

No sé por qué le molesta tanto a algunas personas que tenga a mis hijos en brazos. “Túmbalo ahí en el sofá y así descansas”, “Ponlo en el carro y come tranquila”, “Déjalo en la minicuna que se duerma”… Eso cuando son bebés, ahora al Peque Mayor se lo dicen directamente: “Tú ya eres grande para ir todo el día en brazos”. Y por mucho que les diga que no, que no me importa, que me gusta tenerlos conmigo si me necesitan (y cuando yo lo necesito pues también), que prefiero comer con ellos encima a hacerlo sola oyéndolos llorar…no hay manera.

¡Pero qué más les dará! ¡Ni que fueran ellos quienes los tuvieran encima! Y es que mis hijos son mucho de brazos, los dos. Cuando digo esto muchos piensan, o nos dicen directamente, que es culpa nuestra. Porque alguien tiene que tener la culpa de este comportamiento tan extraño, pero si los bebés no necesitan el contacto de sus padres, ni que los abracen ni que los mimen (léase con ironía).

El Peque Mayor se pasó meses echando la siesta encima nuestro. Al principio intentábamos ponerlo en la minicuna, pero era rozar las sábanas y despertarse. Al final desistimos y uno de los dos aprovechaba sus siestas para descansar mientras el otro se encargaba del resto. Poco a poco fue cambiando y ahora incluso se queda dormido solo en el sofá. Él que era de los que necesitaba unas horas de pasillo para dormir, él que se pasaba dando vueltas en la cama hasta la una de la mañana y ni la teta conseguía dormirlo por las noches (podéis leer nuestras técnicas para dormirlo aquí). Culpa nuestra, nos dicen, por mecerlo, dormirlo en brazos, ¡colechar! (El colecho tiene siempre la culpa de todo, sólo me ha faltado oír: “Se ha caído en el parque porque colecháis”).

No sé cómo lo harán los demás padres, mi hijo mayor ha necesitado casi dos años para aprender a dormirse tranquilamente y, si os soy sincera, no me parece tanto tiempo. El día que se sale de la rutina no hay siesta que valga, pero como muchos niños. La última boda a la que fuimos, mientras yo luchaba por mantener los ojos abiertos de madrugada, él seguía de juerga. Y no os penséis que luego se pasó la mañana durmiendo no, llegamos a casa casi a las cuatro de la madrugada y a las nueve ya me estaba abriendo los párpados con el dedo al grito de “¡Crispis!”.

Yo estaba convencida de que simplemente él es así, pero al nacer el Pequeñajo he empezado a dudar. Duerme más horas de las que dormía su hermano, por la noche no hay que pasarse 3 horas recorriendo la casa, pero es meterlo en la minicuna y despertarse. Todavía puedo decir que él ha dormido un par de horas seguidas en ella, pero supongo que es porque insisto más (hasta ocho intentos seguidos), es el segundo y es lo que hay. Su hermano necesita que le ayude a vestirse, que le prepare la comida…y con los dos en brazos me faltan manos. Unos vecinos nuestros, que tienen trillizos de la edad del Peque Mayor, recuerdo que nos decían cuando tenían pocos meses: “V. ha nacido para ser hijo único, pero tiene que compartirnos con los otros dos”.
Siempre he creído que va con el carácter del niño pero ¿es casualidad que me hayan salido los dos anticuna? Supongo que sí. Pero cuando veo a otros niños dormir plácidamente en sus minicunas sin despertarse, no puedo evitar preguntarme si es porque son así o existe alguna técnica secreta de la que no estoy enterada (abstenerse Estivillistas).

Aunque no lo parezca, no es una queja, es cierto que me iría bien que el Pequeñajo durmiera en la minicuna, aunque sólo fuera un ratito para, al menos, poder vestirme y hacer la comida en la mitad de tiempo. Pero cuando me quedé embarazada ya iba con la idea de que podía ser tan difícil de dormir como su hermano y, en cambio, no ha sido así, pero el misterio de la minicuna me tiene intrigada. De momento seguiré por aquí unos meses más, porteando y en pijama, todavía no he aprendido a cambiarme de ropa con el fular puesto.

¿Y vuestros peques necesitan muchos brazos, duermen en cualquier sitio o son como los míos que necesitan mucho calor humano para sentirse a gusto?