A dos brazos

A dos brazos

No sé por qué le molesta tanto a algunas personas que tenga a mis hijos en brazos. “Túmbalo ahí en el sofá y así descansas”, “Ponlo en el carro y come tranquila”, “Déjalo en la minicuna que se duerma”… Eso cuando son bebés, ahora al Peque Mayor se lo dicen directamente: “Tú ya eres grande para ir todo el día en brazos”. Y por mucho que les diga que no, que no me importa, que me gusta tenerlos conmigo si me necesitan (y cuando yo lo necesito pues también), que prefiero comer con ellos encima a hacerlo sola oyéndolos llorar…no hay manera.

¡Pero qué más les dará! ¡Ni que fueran ellos quienes los tuvieran encima! Y es que mis hijos son mucho de brazos, los dos. Cuando digo esto muchos piensan, o nos dicen directamente, que es culpa nuestra. Porque alguien tiene que tener la culpa de este comportamiento tan extraño, pero si los bebés no necesitan el contacto de sus padres, ni que los abracen ni que los mimen (léase con ironía).

El Peque Mayor se pasó meses echando la siesta encima nuestro. Al principio intentábamos ponerlo en la minicuna, pero era rozar las sábanas y despertarse. Al final desistimos y uno de los dos aprovechaba sus siestas para descansar mientras el otro se encargaba del resto. Poco a poco fue cambiando y ahora incluso se queda dormido solo en el sofá. Él que era de los que necesitaba unas horas de pasillo para dormir, él que se pasaba dando vueltas en la cama hasta la una de la mañana y ni la teta conseguía dormirlo por las noches (podéis leer nuestras técnicas para dormirlo aquí). Culpa nuestra, nos dicen, por mecerlo, dormirlo en brazos, ¡colechar! (El colecho tiene siempre la culpa de todo, sólo me ha faltado oír: “Se ha caído en el parque porque colecháis”).

No sé cómo lo harán los demás padres, mi hijo mayor ha necesitado casi dos años para aprender a dormirse tranquilamente y, si os soy sincera, no me parece tanto tiempo. El día que se sale de la rutina no hay siesta que valga, pero como muchos niños. La última boda a la que fuimos, mientras yo luchaba por mantener los ojos abiertos de madrugada, él seguía de juerga. Y no os penséis que luego se pasó la mañana durmiendo no, llegamos a casa casi a las cuatro de la madrugada y a las nueve ya me estaba abriendo los párpados con el dedo al grito de “¡Crispis!”.

Yo estaba convencida de que simplemente él es así, pero al nacer el Pequeñajo he empezado a dudar. Duerme más horas de las que dormía su hermano, por la noche no hay que pasarse 3 horas recorriendo la casa, pero es meterlo en la minicuna y despertarse. Todavía puedo decir que él ha dormido un par de horas seguidas en ella, pero supongo que es porque insisto más (hasta ocho intentos seguidos), es el segundo y es lo que hay. Su hermano necesita que le ayude a vestirse, que le prepare la comida…y con los dos en brazos me faltan manos. Unos vecinos nuestros, que tienen trillizos de la edad del Peque Mayor, recuerdo que nos decían cuando tenían pocos meses: “V. ha nacido para ser hijo único, pero tiene que compartirnos con los otros dos”.
Siempre he creído que va con el carácter del niño pero ¿es casualidad que me hayan salido los dos anticuna? Supongo que sí. Pero cuando veo a otros niños dormir plácidamente en sus minicunas sin despertarse, no puedo evitar preguntarme si es porque son así o existe alguna técnica secreta de la que no estoy enterada (abstenerse Estivillistas).

Aunque no lo parezca, no es una queja, es cierto que me iría bien que el Pequeñajo durmiera en la minicuna, aunque sólo fuera un ratito para, al menos, poder vestirme y hacer la comida en la mitad de tiempo. Pero cuando me quedé embarazada ya iba con la idea de que podía ser tan difícil de dormir como su hermano y, en cambio, no ha sido así, pero el misterio de la minicuna me tiene intrigada. De momento seguiré por aquí unos meses más, porteando y en pijama, todavía no he aprendido a cambiarme de ropa con el fular puesto.

¿Y vuestros peques necesitan muchos brazos, duermen en cualquier sitio o son como los míos que necesitan mucho calor humano para sentirse a gusto?