Mamá dame sólo teta que aún no estoy listo

Mamá dame sólo teta

Pese al título, este post es tanto para mamás que dan el pecho como para las que dan el biberón.

A partir de los seis meses parece que es obligado empezar a introducir (debería ser ofrecer y no introducir para empezar) a los peques alimentos diferentes a la leche. Te dan algunos papeles e instrucciones muy concretas sobre qué y cómo debe comer tu bebé. Hay quien no se cuestiona estas indicaciones, yo soy de las que sí.

Cuando tu hijo cumple seis meses y te dicen que hay que introducir alimentos complementarios pueden pasar dos cosas: Que acepte lo que le das sin ningún problema o que rechace los nuevos alimentos.

Si tu hijo es de los primeros genial, nadie te tocará las narices, porque no tendrás problemas en seguir las pautas que te han marcado, eso sí tú estás de acuerdo, por supuesto.

Si en cambio es de los segundos, mucho cuidado porque pueden pasar diferentes cosas: Que creas que tu hijo es un bicho raro, que las abuelas te digan que se va a quedar en los huesos, que entonces te angusties por si se va a morir de hambre, etc. Y esto te puede llevar a agobiarte y a no respetar su ritmo.

Mis dos peques son de los segundos, admito que confiaba en que el Pequeñajo fuera de los primeros después de lo difícil que nos resultó tener que nadar a contracorriente con el Peque Mayor porque, al menos en nuestro caso, los profesionales de la salud no sólo no nos ayudaron si no que se dedicaron a ponernos piedras en medio del camino.

Con el Peque Mayor empezamos a hacer baby led weaning cuando tenía casi 10 meses, no sabíamos ni lo que era, más tarde descubrimos que lo que hacíamos se llamaba así. Con el Pequeñajo decidimos que haríamos blw desde el principio. Para quien no lo sepa, a grandes rasgos, el baby led weaning consiste en dar a los niños los alimentos enteros, sin triturar, a parte de dejar que coman por sí mismos, no dar de comer, sólo ofrecer.

El Pequeñajo tiene poco más de siete meses y medio y todavía no está preparado para comer otros alimentos y es totalmente normal, no me preocupa, ya madurará. Así que pese a que chupe de vez en cuando una pieza de fruta o verdura, sólo toma teta salvo una excepción que explicaré más adelante.

Se lleva muchas cosas a la boca, el móvil, las toallitas, las servilletas y por lo general, todo aquello que no quiero que se lleve a la boca pero, en cambio, cuando le pongo comida delante, sea lo que sea, la estruja, la manosea, la espachurra, la tira al suelo, pero no se la lleva a la boca. Si chupa una manzana o un plátano es porque primero se lo he acercado yo a la boca, y si le interesa lo coge y lo chupa un poco más, pero si no, se echa hacia atrás, empuja la comida con las manos o aparta la cara. Y yo respeto su decisión.

Además hay otra razón muy clara por la que sé que todavía no está preparado para comer otros alimentos, todavía no ha perdido el reflejo de extrusión. Si nota algún trocito incluso más pequeño que un grano de arroz le dan arcadas. ¿Y por qué no le hago purés? Pues le he ofrecido purés también, porqué pensé: ¡A ver si va a resultar que el Pequeñajo quiere comer pero no le gusta la comida entera! Así que de la misma manera que con el PequeMayor pasamos de los purés a los trozos por probar si de esa manera comía, con el Pequeñajo hemos probamos a la inversa, pero ha resultado que también le dan arcadas. Una manzana la coge y la chupa, el otro día le ofrecí puré de manzana con una cuchara probó media cucharada y lo vomitó directamente. Conclusión: Sigue sin estar preparado, de momento no le interesa la comida de ninguna manera. Sólo he hecho una excepción, y ha sido con los cereales por el tema del gluten. Busqué información en libros, por internet y pregunté a diferentes enfermeras de pediatría y a una comadrona, pero no supieron darme una alternativa viable para introducir el gluten que el Pequeñajo aceptara.

No me gustan los cereales industriales, cuando voy al supermercado no me gustan los productos con listas interminables de componentes de los que además la mayoría no sé ni siquiera identificar. En estos casos menos es más. Pero como ya he dicho al final he acabado por darle al Pequeñajo los dichosos cereales hidrolizados.

Lo que no hago es dárselos por la mañana, se los da mi marido por la tarde. ¿Por qué? Pues porque me parece absurdo sacarme leche para darle los cereales estando yo en casa pudiéndole dar la teta directamente, con el mayor me sacaba leche dos veces, una para darle los cereales y otra para el biberón de cuándo estaba en el trabajo, y además de ser agotador, en mi caso, llegó un punto en que me era prácticamente imposible conseguir sacarme leche suficiente. Así que me saco leche una vez y el papi le pone dos cucharaditas de cereales que el Pequeñajo no nota siquiera.

Intenté introducir el gluten con pasta de maíz, tortitas, arroz… pero como ya he explicado el Pequeñajo no está preparado todavía, y pese a mis convicciones no soy una persona radical ni mucho menos, me considero flexible, creo que es bueno saber cambiar de opinión y no obcecarse, no me gustan los blancos o los negros, prefiero los grises. Sopesé los pros y los contras y decidí que prefería introducir el gluten siguiendo los consejos de la enfermera y comprar los cereales en polvo, pese a tener información fiable sobre que la introducción del gluten puede hacerse más adelante. Sin embargo en este caso he preferido pecar de precavida. Creo que como padres debemos reflexionar bien y estar convencidos de nuestras decisiones, y hacer lo que creemos que es mejor para nuestros hijos sin pensar en lo que dirán o pensarán los demás, y a mí no me importa contradecirme, me gusta tener la libertad de elegir y poder cambiar, pocas cosas son inamovibles.

Después de casi tres años como mamá he aprendido mucho sobre la comida. He buscado, rebuscado y me he informado y empapado mucho sobre alimentación sobre todo desde que el Peque Mayor empezó con la alimentación complementaria y vimos que algo no le sentaba bien. Hasta los dos años fuimos de cabeza. Algo no iba bien y nadie supo ayudarnos ni acompañarnos, descartaron el gluten, la alergia a la proteína de vaca y al huevo, una invaginación del intestino y al final nos dijeron que probáramos y fuéramos descartando, porque las intolerancias son difíciles de diagnosticar.

Al final dedujimos que hasta los dos años tuvo intolerancia a la lactosa (nuestro pediatra actual nos explicó que era muy común que hasta los dos años muchos niños fueran intolerantes a la lactosa y que después se les quitara), pero aparte de eso, parece ser que le tardó mucho en madurar el intestino, o eso nos dijo otro pediatra. Cada dos o tres semanas estaba con diarrea, había muchos alimentos que le sentaban mal, y entre lo que no podía comer y lo que no quería comer, pocas opciones nos quedaban. A todo esto con catorce meses la pediatra y la enfermera de pediatría que tenía entonces me dijeron que ellas eran pro-lactancia materna pero, que en este caso, por el bien de mi hijo, tenía que quitarle el pecho porque estaba interfiriendo en su alimentación y estaba bajando demasiado la dichosa curva del percentil (todo esto lo expliqué en este post), menos mal que les dije que no pensaba hacerlo y que estaban equivocadas, pese a todo, ojalá me hubiera leído entonces el libro “Se me hace bola” de Julio Basulto, porque además lo que tendría que haber hecho era precisamente darle más teta, porque no se la quité pero fui reduciendo tomas y estoy convencida de que lo que necesitaba era totalmente lo contrario, la teta era lo que le engordaba, lo que le sentaba bien en ese momento, el resto no.

Pese a todo, no me dejé presionar y no le he presionado nunca y por suerte maduró lo que tenía que madurar y mi niño con casi tres años no necesita ni babero come de todo y muy bien, ha necesitado su tiempo para adaptarse a algunos alimentos, no quiso el huevo ni en pintura hasta hace unos meses y yo lo respeté, igual que respeté su etapa de no quiero arroz o no quiero legumbres, a veces necesitan su tiempo y también tienen derecho a que algunas cosas no les gusten, yo como de todo y algunas cosas no me gustan como a todo el mundo. No soporto las judías verdes y una vez a la semana tenía que comerme las dichosas judías porque era lo que tocaba, ¿por qué no podía comer otra verdura? ¿Qué más da judías que acelgas o espinacas? Todavía, de vez en cuando, alguna cosa le sienta mal, pero ha engordado bastante, y está por debajo de la curva, sí, pero es que mi hijo mayor es así, de constitución atlética ;).

¿Y qué les parece todo esto a las enfermeras de pediatría en las revisiones del Pequeñajo? Yo ahora sólo respondo a lo que me preguntan y no voy más allá, resulta muy pesado tener que estar justificando tus decisiones constantemente. La última vez me dijeron: “Ya le das verdura y pollo, ¿no?” Y yo contesté: “Sí, sí” Lo que no les dije era que yo se lo había ofrecido, no que se lo comiera que supongo que era lo que me estaban preguntando.

Lo mejor de todo fue en la revisión de los seis meses que me dijeron:

– ¿Le das pecho?

– Sí.

– Y también biberón, ¿no? (se refería a leche de fórmula)

– No.

– Pero le das más cosas.

– Bueno, alguna fruta ha chupado.

– Pero le das cereales sin gluten, ¿no? (todo lo daba por sentado)

– Bueno, estamos empezando, arroz y pasta, pero todavía no está preparado.

– ¿Cómo que no está preparado?

– Bueno, todavía no se lo quiere llevar a la boca.

– ¡Pero cómo se lo va a llevar a la boca si es muy pequeño! (Vamos a ver, cómo puede sorprenderle esto tanto a una enfermera de pediatría, mi hijo mayor se llevaba la comida a la boca a los seis meses, y mucho antes de los seis meses la mayoría de los niños se llevan un montón de cosas a la boca, ¿por qué la comida no?)

– Pero ¿no le das papilla?

– Es que no me gustan los cereales industriales. (Aquí acabábamos de empezar y todavía estábamos probando otras cosas)

– ¡Aaaah! Que tú eres de esas de Terapias Alternativas… (no lo dijo como un cumplido)

No le hice ningún comentario, pero cuando salí de la consulta no pude más que echarme a reír. Ya me habían etiquetado. En mi modesta opinión creo que no dice mucho a su favor que el hecho de querer alimentar a mi hijo de una manera más natural lo considere no sólo alternativo sino una Terapia Alternativa. Creo que respecto a la alimentación queda mucho camino por recorrer, olvidarse de tantas pautas, de tanta rigidez y usar el sentido común, basarse en información objetiva y contrastada, porque realmente no existen estudios fiables que demuestren que determinados alimentos es mejor introducirlos un mes antes o después.

¿Y vosotros, qué pensáis sobre las pautas para ofrecer alimentos complementarios? ¿Seguís las recomendaciones o tenéis otro criterio? ¿Tenéis o habéis tenido problemas cuando los peques empezaron a comer cosas distintas a la leche? ¿Qué opináis del baby led weaning?

P.D. Para terminar añadiré que el pasado miércoles 1 de julio fue mi cumpleaños. Y en mi buzón entre unas cuantas facturas me llevé una sorpresa. Esto es lo que me envió mi hermana desde Inglaterra por mi 27 cumpleaños. ¡Laura te quiero un montón, eres lo más! Ojalá no tuvieras que irte lejos para conseguir todo lo que has conseguido allí. ¡Ánimo!

Mamá dame sólo teta2

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¿Al cole sin pañal?

Al cole sin pañal

Sí, sigo viva, pero no doy para más. Como ya dije en otro post tienen que alinearse todos los astros para que pueda publicar algo en el blog, yo no sé cómo lo harán los demás, pero me da la sensación de que las horas me adelantan una y otra vez, y no consigo subir el ritmo. Voy acelerada y aún así, no me da tiempo de hacer todo lo que me gustaría.

Voy acelerada sí, pero intento tomarme las cosas con calma respecto a los niños, no me gusta meterles prisa, yo voy mirando el reloj de reojo cada mañana mientras veo como el Peque Mayor deja la cuchara llena de cereales suspendida a medio camino entre su boca y el bol del desayuno con los ojos clavados en la caja tonta, suspiro y espero o me voy a hacer otra cosa, pero intento no decirle nada, como mucho le pregunto de vez en cuando si está comiendo, aunque yo sepa la respuesta, pero eso al menos le deshipnotiza momentáneamente y vuelve a devorar los crispis.

Le dejo que se vista solo porque quiere vestirse solo y así no coarto su aprendizaje ni su independencia, pese a que si le vistiera yo tardaría cuatro veces menos, pese a que la mitad de las veces se ponga los zapatos al revés y se los tenga que volver a quitar y volver a poner él.

Le sigo el juego cuando se distrae con cualquier cosa, o cuando quiere cerrar él la puerta con las llaves, hacerme esperar en la puerta mientras llega al coche (dentro de casa no en la calle) y me diga: Espera mama, todavía no, yo primero, ahora.

¿Y por qué? Pues porque así todas las mañanas nos vamos todos de buen humor a la guarde y se siente valorado, querido y respetado. Puede que algunos piensen que hace lo que le da la gana, pero no es verdad, simplemente intento dejarle ser niño. Por supuesto que muchas veces le digo que no y me tengo que discutir con él, pero acepta mucho mejor las cosas cuando respetamos su ritmo.

Y sí, muchas veces llegamos a la guarde dos o tres minutos tarde, y no pasa nada. Seguro que más de uno pensará que no es lo mismo si tuviera que hacerlo cuando tengo que ir a trabajar, pues lo cierto es que también lo hago al mediodía cuando tengo que irme a trabajar, y no llego nunca tarde. Mi estrategia es, quince minutos antes de tener que irnos, decirle que se ponga los zapatos que ya nos vamos, y acabamos saliendo a la hora a la que tenemos que salir.

Y todo esto qué tiene que ver con el pañal. Bueno, pues tiene mucho que ver.

En septiembre el Peque Mayor empieza el cole, P3, y no dejan que los niños lleven pañal, pero ni en el del Peque Mayor ni en todos los que fuimos a ver. Y a mí eso me parece fatal, significa no respetar el ritmo de algunos niños que en ese momento todavía no están preparados para quitarse el pañal, ya sea porque todavía no controlan esfínteres o porque no se sienten seguros o maduros para ello.

En muchos sitios me han dicho que es porque las profesoras no están para cambiar pañales, pero me parece absurdo cuando de otra manera, los niños que no controlen esfínteres van a tener que cambiarlos enteros si se hacen pis encima, y eso para mí, es más trabajo para las profesoras y, lo más importante, puede afectar a la autoestima de esos niños. Por otra parte, la mayoría de niños cuando empiezan P3 no llevan pañal, no creo que sea tantísimo esfuerzo esperar un poco a que tres o cuatro niños dejen el pañal por si mismos. Estamos hablando además de que hay niños que empiezan en septiembre sin haber cumplido todavía los tres años.

Y nosotros qué hemos hecho. Pues por desgracia no podemos cambiar las normas, pero mientras no llegara septiembre apoyaríamos al Peque Mayor en su rotunda negativa de decirle adiós al pañal. Le explicamos, eso sí, que en el cole de los grandes no podría llevar pañal, y cuando me preguntó “¿Por qué?” La verdad es que no supe qué contestarle.

Y nuestra paciencia se ha visto recompensada. En casa algunas tardes, como hacía calor, iba sin pañal y poco a poco fue haciendo pipi en el orinal o en el váter con el reductor, caca no. Yo sabía que ya controlaba esfínteres porque cuando íbamos a la piscina y no le ponía pañal, me pedía pipi y me daba tiempo de llevarlo al váter. Cada vez que progresaba le alabábamos y él se sentía bien, se sentía orgulloso, cuando se le escapaba y se quejaba nosotros le quitábamos importancia lo cambiábamos y punto. Algunos días le preguntaba por la mañana si quería ir sin pañal y me decía que no, entonces yo le decía que cuando se sintiera preparado que me lo dijera.

Y después de un par de semanas de tarde sí tarde no con pañal, hace dos fines de semana decidió ir sin pañal fuera de casa, al día siguiente se hizo caca en el suelo, ¡pobre! Le explicamos bien que la caca también se hacía en el orinal o el váter y la siguiente vez hizo en el váter.

Y al día siguiente, el lunes pasado no, el otro, se fue a la guarde sin pañal y se acabó. Ni un escape ni con el pipi ni con la caca desde entonces. Parece que hubiera ido sin pañal toda la vida. Y él la mar de feliz con sus “Calsonsillos” porque “Soy grande, mamá”.

Jamás me hubiera imaginado que podría haberse quitado el pañal tan fácilmente, el Peque Mayor es muy cabezota y era muy rotundo respecto al pañal, no quería ni oír hablar de calzoncillos ni orinales, no avisaba cuando se había hecho caca y muchas veces no se dejaba cambiar el pañal. Pero la prueba de que lo hemos hecho bien es lo contento y feliz que está, la manera tan natural como ha cambiado el pañal por los calzoncillos y el hecho de que no haya sufrido durante este proceso tan importante para él.

Y aunque me haya quitado un peso de encima con lo del colegio sigo pensando que lo hacen mal y que no es justo, y con el Pequeñajo haremos igual, y me pelearé con quien haga falta para que le dejen ir con pañal si así lo necesita cuando empiece el colegio porque además es de noviembre.

Y para acabar muchísimas gracias a todos los que me leéis, no os perdáis el próximo post, irá sobre el Pequeñajo y la introducción de la alimentación complementaria con nuevos comentarios para la sección Hago oídos sordos de las enfermeras de pediatría.

¿Y vosotros qué pensáis sobre que no puedan llevar pañal en el colegio? ¿Cómo han llevado vuestros peques el proceso de dejar el pañal?